Poesía de Michelle Solano

 

 

 

Poema que no tiene nombre

 

 

 

¿Por qué nos han dejado tan solas?

 

¿Por qué?

 

Ustedes saben que nos están matando con total impunidad

 

es evidente que no es obra de un solo hombre

 

es evidente que son muchos hombres

 

muchos, miles, quienes nos asesinan

 

quienes nos violan y nos mutilan

 

quienes arrancan a dentelladas nuestros pezones

 

quienes descuartizan el cuerpo de las niñas y las meten en maletas para abandonarlas

 

en cualquier lugar, a todas horas del día

 

¿Por qué nos han dejado tan muertas, tan en el desamparo y la vulnerabilidad?

 

¿Qué mal le hacemos al mundo las niñas, las mujeres?

 

¿Por qué no nos escuchan?

 

¿Por qué no les dolemos?

 

¿Por qué no valemos?

 

¿Por qué no importamos?

 

¿Por qué?

 

¿Por qué no sienten nuestro miedo?

 

¿Por qué no les duele nuestra dolencia, nuestro terror?

 

¿De qué se trata?

 

¿Por qué nos odian?

 

¿Por qué?

 

¿Hasta cuándo?

 

¿Qué debemos hacer para ganarnos el derecho a la vida?

 

¿Por qué no nos dejan vivir?

 

¿Por qué, hombres, por qué no les importan los cuerpos sin vida, asesinados, ultrajados, de las niñas y las mujeres a manos de otros como ustedes?

 

¿Todavía hay alguien que niegue la barbarie, la ignominia, la atrocidad, el exterminio?

 

¿Por qué nos han dejado solas?

 

¿Por qué?

 

 

 

 

 

 

 

Para espantar la noche

 

 

 

Mi madre solía dejar encendida la luz de mi mesita de noche

 

prefería recibir cada mes una cuenta altísima de luz

 

antes que batallar con mis terrores nocturnos

 

Ella no tenía modo de saber -nunca se lo dije-

 

que la oscuridad que me aterraba

 

vivía dentro de mí.

 

 

 

Ahora que soy una mujer -diminuta aún en muchos sentidos-

 

arropo a mis hijos y apago sus lámparas de noche

 

me gusta contemplarlos un rato mientras duermen 

 

son luciérnagas que espantan las penumbras.

 

 

 

Luego meto mi cuerpo a la cama

 

y mi oscuridad se derrama sobre la noche

 

Para dormir hago el recuento de mis íntimos rebaños

 

tengo innumerables listas de monstruos nocturnos

 

que nunca alteran el orden de su aparición:

 

 

 

La lista de las putas deudas

 

la lista de mis frustraciones

 

la lista de las palabras pendientes

 

la lista de los fracasos

 

la lista de los desaparecidos

 

la lista de los segundos que no hallaron consuelo

 

la lista de las cobardías asumidas

 

la lista de mis talentos medio ocres

 

la lista de lo que sé que debo hacer y no haré mañana

 

la lista de las incertidumbres...

 

 

 

Logro engañar al sueño

 

repasando la lista aterradora

 

de los hábitos que no claudican

 

donde siempre figura como número uno

 

navegar la noche

 

con los ojos cerrados…

 

 

 

Hasta que Dios enciende el sol.

 

 

 

 

 

Elegía por las niñas asesinadas

 

 

 

Demonios que devoran los cuerpos de las niñas

 

interrumpen las faenas de la dicha;
ningún sol de la patriamadre entibia

 

los cuerpos diminutos.

 

En ellos se lee la historia de la infamia,

 

del silencio,

 

de un dolor para el que ninguna palabra alcanza.

 

 

 

A las madres,

 

a las hijas y a las hermanas

 

nos carcome el sinsentido de los días,

 

las noticias dislocadas con olor a manicomio. 
Nuestro miedo es un naufragio:
miles de cuerpos femeninos desemembrados

 

convertidos en un barco de cristal

 

que encalla en ninguna costa.

 

 

 

Desde el fondo del océano,

 

un rumor de voces metafísicas reclama
que sus nombres ya no se escriban

 

sólo bajo el agua.

 

Deambulamos en este Estado transitorio

 

entre vida y muerte

 

y todo es llorar, gritar de horror y desconsuelo,
derramarnos ahí

 

donde el tiempo es una costa de flores azules,
embalsamar los recuerdos del cuerpo y la memoria.

 

Habitamos los campos secos de la no resignación,
separamos la lava hirviente de la rabia,
para petrificar con ella el dolor

 

y lamerle las heridas a la piedra.

 

Marchamos hasta hincharnos el pecho de esperanza

 

Alzamos el canto de la furia de las parias

 

pero la patria no escucha.

 

Damos a luz un nuevo día
Y contemplamos desde allá un amanecer eterno.

 

 

 

A las madres de las niñas muertas

 

les escurre lechesangre

 

de los pechos,

 

con ella alimentan el cuerpo recién nacido

 

de las niñas nuevas.

 

Una marea verde y violeta las recibe,

 

las acuna y las contiene.
Las niñas nuevas nacen de pie,

 

con la frente en alto y el puño arriba

 

a diferencia de sus hermanas, que viven contra una humanidad

 

que les da la espalda,

 

y las entrega a las manos,

 

a los falos erectos de sus asesinos.

 

 

 

Niña

 

niña mía

 

madre

 

hermana

 

hija nuestra

 

cuando te preguntes

 

¿Qué van a hacer contigo?

 

¿Cómo?

 

¿Hacia dónde?
¿Quién va a detener esa pelea de perros en tu entraña?

 

Sabe que nosotras vamos a trastocar la nada

 

Vamos a gritarle al mundo con tu nombre

 

Y contagiaremos a las niñas nuevas de coraje

 

No viviremos libres de culpa

 

hasta que levantemos cielos más hermosos para ti,

 

hasta que logremos entorpecer las labores de la barbarie y la locura,

 

en tu nombre lanzaremos cerillos y combustible para encender la justicia.

 

Esta no es una declaración de prinicipios niña mía,

 

es nuestra ofrenda y declaración de finales:

 

Mas si osare un extraño enemigo

 

profanar con su miembro tu cuerpo,

 

Piensa, oh niña (mía) querida, que el cielo,

 

una mujer aguerrida -y en resistencia furiosa- te dio…

 

 

 

Eufúrica

 

 

 

Estoy jodida

 

La semana pasada apuñalaron al padre de mi hija,
en las calles hay gente que proclama

 

su legítimo derecho

 

de negarle a otros sus derechos.
Nadie está dispuesto a reconocer el límite de su libertad.

 

Al investigar sobre violencia en adolescentes

 

encuentro catorcemilseiscientosnoventayun videos

 

donde ellos y ellas se madrean,

 

en unos casos se matan

 

-a veces alentados por los adultos que debían cuidarles-
Me duele mucho la cabeza.

 

Hay una nueva policía de las buenas conciencias

 

-Me chupa un ovario-
Un comando lesbofóbicoterrorista

 

madrea a una muchacha a la salida de un bar,
la facción radical de algún movimiento aún más radical

 

aplaude rabiosa.
Una pareja de niños de 8 años viola a otro de la misma edad.

 

Los conservadores acusan a la pornografía.

 


Hay quien dice que los adictos son víctimas del narcoestado

 

La gente no quiere ser feliz,

 

prefiere tener la razón.
Todavía no entiendo

 

lo que sucedió en los últimos meses.

 


Recuerdo esa escena en un tren de Chicago:
Un niño negro y un hombre blanco hablan sobre pelear,

 

sobre la necesidad de hacerlo,
el hombre es enorme, robusto,

 

parece un jugador de basquetbol,
el chico tiene la sonrisa de quien aun no ha descubierto

 

que el mundo es una cloaca inmunda
Pero ellos parece que se entienden,

 

sonríen y charlan

 

mientras, todos en el vagón los observamos

 

y apuramos conclusiones.
El chico baja en la estación de un barrio peligroso,
antes de irse choca su puño contra el enorme puño del hombre blanco

 

miradas multiraciales de aprobación,

 

el tren continúa su trayecto hacia la nada.

 


Sigo pensando que el amor es la fuerza más poderosa del universo

 

pero nuestros actos apuestan por el miedo
Donde la esperanza pierde por puntos,

 

el odio gana por knock out.

 

La semana pasada apuñalaron al padre de mi hija,
en septiembre nos sacudió el terremoto
en octubre murió mi hijo dentro de mí 
Hay algo horrendo en el hecho de volverse un ataúd,

 

un cementerio acuoso
No puedo escribir 
No puedo cantar
No quiero escribir y no quiero cantar
Estoy en ese punto donde no quiero hacer nada,

 

y debo hacerlo todo
Tengo los ojos irritados y escurrimiento nasal

 

 

 

En medio de esta emergencia eufúrica

 

encuentro una vieja foto que tomé a unos chicos

 

de esos que se tiñen el pelo de azul y salen a la calle.
Amo la sosegada rebeldía 

 

a los jóvenes poliamorosos de pelos multicolores
Pero extraño mi inocencia:

 

esos días claros

 

que eran botellas con todo el tiempo adentro.

 

Me siento fatal,

 

empiezo a ponerme vieja
La vida tiene cosas bellísimas

 

y terribles a la vez
Las peores batallas y las mejores victorias

 

se libran en solitario
siempre son contra uno mismo 

 

o sobre uno mismo.

 

Sé que tengo fiebre
sé que esto no va a parar
no va a detenerse solo
Alguien tiene que apagar la luz o cerrar la puerta.

 


Yo arropo a mis hijos por las noches,
pago impuestos,
me bajo la angustia y la incertidumbre

 

con tacitas de te y galletitas de lavanda.
Dejé de fumar,

 

ya no veo películas dobladas,
ya tampoco lloro,
se me quitó la puta maña.
Ahora sólo tengo nostalgia de la infancia
y cicatrices de siglos de combate

 

 

 

 

 

 

 

Bitácora de los días recientes

 

 

 

Hoy no me bañé

 

y tengo la sensación de que el día no comenzó

 

tampoco le veo fin

 

Los confines del tiempo se distienden

 

con la renuncia a la primera faena del día

 

Luego el café bien puede ser un jugo de naranja

 

la comida la cena

 

o un par de huevos el tentempié.

 

Al postre no llego

 

no hay dulzura en mis propios jugos.

 

 

 

Para recolocar el tiempo

 

el remedio -aparentemente-

 

es leer el periódico del día anterior:

 

Son los mismos muertos pero otros.

 

Los ojos se bañan en sus propias lágrimas

 

y guardan la memoria de la injusticia acumulada.

 

 

 

 

 

Michelle Solano. Ciudad de México, 1975. Es escritora, teatrista, cancionista, periodista cultural y activista política. Egresada de la Escuela de Escritores de la SOGEM. Escribe diversos géneros literarios, principalmente narrativa, dramaturgia y poesía. Como dramaturga y crítica teatral perteneció al grupo El telón de Aquiles, colectivo de jóvenes dramaturgos; como cancionista escribió y grabó la primera canción por Ayotzinapa: Grito de Guerra, que ha dado la vuelta al mundo para denunciar la desaparición forzada. Su trabajo poético y musical son indisolubles, escribe poesía para su música y música para sus poemas y de ahí se desprenden sus canciones.

Como periodista y activista es integrante del colectivo Ojos de perro contra la corrupción y la impunidad. Actualmente trabaja en su primera novela: La vida luminosa en que perdimos todas las

batallas y en el poemario Permanencia involuntaria que por primera vez reunirá su trabajo poético.

 

 

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