El neorrealismo italiano

 

La aventura del cine neorrealista en Italia tuvo repercusiones de importancia internacional más duraderas en el tiempo que la misma duración que tuvo el fenómeno en Italia. De hecho, se le atribuye haber sido fuente de inspiración de algunas experiencias cinematográficas de otros países, como el “Free cinema” inglés en 1956 o la “Nouvelle Vague” francesa en 1959, además de la fuerte influencia que ejerció en el cine alemán, húngaro y sudamericano en general. Pienso, en particular, en el cine argentino y brasileño. El Neorrealismo fue teorizado en un primer momento por críticos de cine del periódico “Cinema” desde principios de los años cuarenta. Los puntos de vista expresados eran evidentemente polémicos y en contraposición con la producción cinematográfica más popular en ese período, la de los llamados “teléfonos blancos”, corriente expresiva íntimamente ligada al Régimen Fascista. En todo esto, destaca un elemento, que al menos es curioso. El periódico del que partían los ataques al género de los “Teléfonos blancos” era dirigido por Vittorio Mussolini, uno de los hijos del “Duce”. Los abanderados del nuevo mensaje eran personajes que habrían hecho hablar de ellos como directores de gran relieve, como Luchino Visconti y Michelangelo Antonioni. Otro personaje del grupo de “Cinema” que tuvo notoriedad, pero en el sector político fue Pietro Ingrao. En Italia, el período del Neorrealismo cinematográfico debe ser ubicado entre 1943 y 1955, definición temporal que no es aceptada unánimemente por la historiografía cinematográfica, en todo caso, sólidamente indicativa. El ojo del cineasta Neorrealista estaba en la búsqueda de situaciones reales para evidenciarlas, un cambio en el enfoque de la narrativa que era sustancial. Se salía de los salones de las casas, de las mujeres fatuas, del pensamiento alimentado por los pequeños horizontes de la realización de historias de amor un poco inverosímiles. Se abordaban circunstancias dolorosas y dramáticas, en las que no se pretendía endulzar la crudeza de la realidad. Esta era la tarea que se había asignado el grupo de críticos de “Cinema”. Querían que los espectadores se vieran envueltos en la tormenta que la cruda realidad hace que todos experimenten a diario. Esta elección, tanto estética como conceptual, tiene sus raíces en una corriente literaria, el “Verismo”, movimiento que había nacido hacia 1875 bajo el pensamiento Positivista. Sus principales exponentes fueron Giovanni Verga y Luigi Capuana. Inspirándose en esa experiencia literaria, en la que la tarea del escritor era reproducir los sabores acres de la realidad o las imágenes desgarradoras de la misma, casi como si fuera un fotógrafo, el Neorrealismo ponía en primer plano a los desposeídos de la sociedad y a las clases más humildes, sujetos que hasta ese momento no habían encontrado el espacio adecuado en la narración literaria. Esta ya era una elección clara. Una lectura completamente alternativa a la que ofrecía la producción cinematográfica de los “Teléfonos blancos”, que giraba en torno a mundos “light” con características de cuentos de hadas. En la poética de su cámara, los autores del “Neorrealismo” recogían el dolor, pero también el deseo de redención de situaciones humillantes y lacerantes de toda la comunidad nacional. En su primera fase, se resaltaron las precarias condiciones en las que quedó el pueblo italiano al final de la Segunda Guerra Mundial. Destrucción, miseria, pobreza, un hilo conductor que en ese período, en diversos grados, era común a las situaciones sociales de las naciones europeas que habían participado en el conflicto. Los contextos desoladores fueron el escenario de algunas verdaderas obras maestras, que se realizaron filmando edificios destruidos por los bombardeos, escombros, gente que transportaba trastos, cosas pobres, con el maldito aliento de la Guerra, que aún transpiraba de las pantallas. En este sentido, en 1945, Roberto Rossellini realiza “Roma, ciudad abierta”, con interpretaciones memorables de Anna Magnani y Aldo Fabrizi. Otra película caracterizada por las atmósferas contradictorias de los primeros años de la posguerra es “Sciuscià” de Vittorio De Sica, en 1946. Con “Ladrones de bicicletas”, película de 1948, la cuestión del trabajo se vuelve central, con la búsqueda frenética de encontrar el modo de mantener a la familia. En el caso de la obra maestra de Vittorio De Sica, un padre se halla “desensillado” de su indispensable elemento de trabajo. Vive de pegar carteles y le roban la bicicleta. A partir de ahí, se desarrolla una serie de situaciones humillantes y dramáticas bajo la mirada petrificada de su hijo, que aún es un niño. En esta película, se corona el deseo de llevar los rostros de personas comunes y corrientes al set. Este era precisamente el caso de la persona elegida para ser protagonista de “Ladrones de bicicletas”. Estas son algunas de las películas más exitosas de esa época, a nivel nacional e internacional. No podemos, y sobre todo no queremos, dejar de dar el debido mérito a la contribución artística de Luchino Visconti a esa revolución de lenguajes expresivos que fue el Neorrealismo cinematográfico. Basta decir que su película de 1943, “Obsesión”, es considerada por la crítica predominante como el arquetipo del nuevo género expresivo. Y gracias a otra de sus películas, la conexión de continuidad con el “Verismo” emerge de forma evidente e incontrovertible. Este aspecto se puso de manifiesto cuando Visconti adaptó al cine la novela “Los Malavoglia” de Giuseppe Verga, que en la transposición cinematográfica fue titulada “La tierra tiembla”, película rodada en Sicilia, con intérpretes sicilianos que hablaban en dialecto siciliano. Tras esta elección del director, la película era proyectada en los cines con subtítulos en italiano. Otro aspecto que se destaca en la filmografía Neorrealista es la falta del final feliz, otra barrera del “mundo de papel maché” que se derribaba. El surco trazado por los autores del Neorrealismo fue verdaderamente profundo. Con ellos, se inaugura el “nomadismo” del cine, rodando “en plein air”, con las sugestiones que ofrecen plazas, calles, mercados, todos los lugares en los que la vida fluye imparable. Obviamente, muchas experiencias creativas se han ido alternando a lo largo del tiempo, pero esa época sigue siendo un punto de referencia ineludible para cualquier amante del cine.

 

 

 

 

 

Traducción de Zingonia Zingone

 

 

Massimo Pedroni (Roma, Italia, 1957) es poeta, escritor, periodista, actor, y director de teatro. Ha publicado cuatro novelas: FerdinandLa sfacciataggine dei sogniAlla salute, y Dichiarazione di morte presunta; y tres libros de poesía: Viola (non è una donna ma i colori della copertina del mio moleskine)Per scomessa, y Vuoto scorsoio. 

 

 

 

Semblanza y fotorgrafía proporcionados por el autor.

 

 

Zingonia Zingone (1971) es una poeta, narradora, licenciada en Economía, y traductora italiana que escribe en español, italiano, francés e inglés. Vive entre Italia y Costa Rica. Cuenta con poemarios editados en España, México, Costa Rica, Italia, India, Francia, Nicaragua y Colombia. Sus títulos más recientes son Los naufragios del desierto (Vaso Roto, 2013), Petit Cahier du Grand Mirage (Éditions de la Margeride, 2016) y las tentaciones de la Luz (Anamá Ediciones, 2018). Entre sus trabajos de traducción destacan los más recientes poemarios de la nicaragüense Claribel Alegría: Voci (Samuele Editore, 2015), que se adjudicó el premio internacional Camaiore 2016, y Amore senza fine (Edizioni Fili d’Aquilone, 2018). Dirige la columna de poesía internacional en la revista italiana MINERVA.

 

 

 

 Poemarios editados en español:

 

 

 

Máscara del delirio, Ediciones Perro azul, Costa Rica, 2006.

 

 CosmoAgonía, Ediciones Perro azul, Costa Rica, 2007.

 

 Tana Katana, Ediciones Perro azul, Costa Rica, 2009.

 

 Equilibrista del olvido, Editorial Germinal, Costa Rica 2012.

 

 Los naufragios del desierto, Vaso Roto Ediciones, España, 2013.

 

 Las tentaciones de la Luz, Panamá, Nicaragua, 2018.

 

 El canto de la Sulamita – Poesía Reunida, Uniediciones, Colombia, 2019.

 

 

Semblanza y fotorgrafía proporcionados por la autora.

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