Roberto López Moreno

 

 

Conflagración de sorpresas, la escritora Leticia Luna aceptó en acto de revitalización, la corola de audacias que la invitaban y se lanzó a enfrentar los vértigos del Poemuralismo, asumiendo primero y expresando después, las diversas aristas que componen el fenómeno.

No puedo más que tremolar mi admiración por este hecho tan poético de Leticia Luna, tan fraterno en lo de repartirse a todos utilizando esta forma de formas asida de los suspensos, a los decires con direcciones múltiples.

“¿A dónde va el tiempo si grita mudo su tránsito de molécula vasta?” y continúa ensanchando los signos que enamoran totales nuestro elogio: “El corazón da vuelcos sin miedo, abisal”.

El Poemural es un nóvedo procedimiento poético que pretende crear trampolines para voces coetáneas, pero hay que arriesgarse primero a pisar el trampolín amando y rechazando actitudes demolombianas (es la vida); se crean los nuevos rostros que dicen, que callan, que miran y vuelven a avanzar sobre la urdimbre de las palabras. Entonces las pupilas ven como desciende la luna sobre el muro y se hace poema... seguir leyendo

 


José Manuel Cuéllar Moreno

La hiperbólica caída del insólito niño Webber o a la añoranza de la carne, de Gerardo Miranda

 

 

El más reciente e hiperbólico libro de Gerardo Miranda, publicado por El Golem Editores, hace justicia a su título y deja en el lector el regusto amargo de los sabores insólitos.

 

La palabra poética de Gerardo pone el dedo en la llaga, sólo que se trata de una llaga incruenta en un cuerpo de plástico. Ni la filosofía ni la literatura pueden tomar como punto de partida para sus devaneos al hombre de carne y hueso de Miguel de Unamuno por la sencilla y contundente razón de que estamos inmersos, o peor aún, estamos arrojados y caídos a un mundo en que la sustancialidad vertebradora de los huesos ha desaparecido y la carne, con todos sus nervios y con toda su tibieza y con toda su fragilidad, ha sido reemplazada por la frialdad y el aspecto proteiforme del plástico. Éste es el tema del libro, si es que podemos hablar de “tema” y no más bien de un rezo o una súplica que el autor mastica con los labios apretados; este tema o rezo o súplica, decía, es el de plasticidad, una palabrota ambigua que designa tanto nuestras humanidades de sololoy, atrapadas en el vértigo de la mass media, como la avidez y la inquietud y el prurito de angustia con que experimentos los cambios en la actualidad: cambio de pareja, de trabajo, de casa, de ropa y de ideas, impidiendo la familiaridad continuada y entregándonos en cambio una perpetua sensación de precariedad e inmanencia. Lo de veras insólito es la perpetuidad fatigosa del cambio, con una fatiga parecida a la de la rueda de Ixión: todo es insólito porque todo y todos respondemos al ineludible deber del cambio, porque todo y todos poseemos el don gratuito –nadie lo escogió– de la plasticidad; nada en sentido estricto envejece porque nada en sentido estricto perdura. La vida, o mejor dicho, los cuerpos vivos –constata el autor– no son agentes libres y acaso –éste es el escándalo hiperbólico– tampoco están vivos... seguir leyendo