Los dos estados que más sufrieron durante la partición de la India en 1947 son Punyab y Bengala. Ambos quedaron geográficamente divididos, y algunas partes de los antiguos estados pertenecen ahora a Pakistán y Bangladés, respectivamente. La población de estas zonas del país se sentía insegura y en peligro, y muchos no podían aceptar el hecho de haberse convertido en refugiados. Los ricos y los que gozaban de una buena posición social se enfrentaron de repente a los peligros y al trauma de los más desfavorecidos. Una nueva lucha por la supervivencia les resultaba inevitable.
Bengala fue dividida en lo que hoy es Bengala Occidental y Pakistán Oriental, que más tarde se convirtió en Bangladés. Muchos bengalíes de una determinada religión se sintieron inseguros y se trasladaron, como refugiados, a Bengala Occidental, llevándose lo que pudieron salvar de sus pertenencias. Allí tuvieron que arrancar de cero y adaptarse a una vida completamente nueva.
Tras la independencia y el trauma de la partición, la década de los cincuenta del siglo pasado comenzó con un sueño: construir una nueva nación; todo un mundo de expectativas. Este sueño con sus expectativas dieron lugar a una forma de romanticismo que, si por un lado conformaba el espíritu de la juventud, por el otro, generaba dudas. La desconfianza todavía no había llegado. El amor dejó de ser un mito; más bien buscaba romper el mito y explorar su dimensión física. La ciudad se volvió el centro de todo. La sensación de impotencia que había atormentado a los poetas de la generación anterior, el sentimiento de ineficacia política que los llevó a estallar en protestas, las convenciones autóctonas de antes —y los anhelos que las identificaban— que lentamente se encaminaban hacia la urbanización, en los años cincuenta no eran palpables. Su ausencia era evidente en las ciudades. El lenguaje poético se iba despojando rápidamente de todo artificio para abrazar lo coloquial, y la vida cotidiana constituía la base para la creación del lenguaje poético.
Después de una década de libertad, la India comenzaba lentamente a madurar. Tras la euforia inicial, la gente ahora se enfrentaba a la realidad. El amanecer de la realidad generó incredulidad y desorden, moldeando la auto-conciencia y la pasión por el auto-descubrimiento. Los partidos políticos estaban inmersos en un intenso debate interno sobre cuestiones ideológicas. Por supuesto, con el tiempo veremos que abandonarán todas las ideologías. El Partido Comunista de la India estaba dividido. Los sueños pronto comenzaron a hacerse añicos. El estado fue testigo del primer extremismo político armado: el movimiento Naxalita. Los conflictos internos y las tensiones que acompañaron a estos acontecimientos dieron lugar a un espíritu de alienación en la poesía bengalí, una alienación que intensificó el auto-cuestionamiento que ya había surgido y que ahora se manifestaría en una amplia gama de experimentación.
Las doctrinas comunistas habían despertado un interés considerable mucho antes de la independencia. Otra característica significativa de la Bengala Occidental posterior a la independencia ha sido la amplia difusión de las ideas de izquierda, que más tarde, en los años sesenta, tomaron una dirección más radical en el movimiento Naxalita, que tuvo consecuencias de gran alcance tanto políticas como sociales. El objetivo principal del movimiento era cambiar radicalmente el sistema social vigente. Más adelante, la izquierda cambió o tuvo que desviarse de su postura y adaptarse de manera pragmática para incorporarse a la política electoral, y llegó al poder a finales de los años setenta. Gobernó a Bengala Occidental durante 34 años consecutivo. Este es un caso excepcional comparado con el carácter político de los demás estados del país. Ningún partido político a nivel nacional había permanecido en el poder durante un período tan largo en ningún otro estado. Con un gobierno izquierdista al frente del estado, era bastante natural que también ejerciera su influencia en la sociedad. La filosofía marxista se reflejaba naturalmente en la poesía; el romanticismo puro había perdido su predominio. Estaba dando paso a la protesta. A finales de la década, la disidencia se manifestó en un cuerpo de poesía feminista que expresaba el sentimiento de humillación y privación de las mujeres por parte del sistema patriarcal. Se escuchaba una voz fuerte de poesía feminista que podríamos remontar desde Kabita Sinha en los años cincuenta hasta la actualidad.
Una evolución interna simultánea se estaba produciendo silenciosamente en las personas, con el gradual debilitamiento de los lazos humanos tradicionales que hasta entonces habían sido el núcleo de la sociedad india. A medida que la vida se urbanizaba e industrializaba, las personas se volvían más conscientes de sí mismas, y todos los pensamientos tendían a girar en torno al yo. La cuestión del sustento pasó a ocupar un lugar central. Las personas se vieron obligadas a alejarse de sus raíces por obligaciones profesionales, lo que exigió muchos ajustes. Se podía percibir una alienación generalizada. La astucia fue el resultado de este distanciamiento. Las personas recurrieron al engaño. Rostros enmascarados desfilaban por todas partes.
El arte y la literatura documentan la realidad contemporánea. La poesía bengalí actual creció con este estado de ansiedad e inquietud, y lo refleja. Una de las direcciones que tomó la poesía bengalí durante esta fase fue la de alejarse del juego más convencional de la imaginación, e ir hacia una creación de imágenes más impersonal, con una visión que se extiende más allá de lo visible y lo físicamente existente. La poesía tendió a volverse predominantemente confesional, con la confesión individual apoyándose en lo colectivo, buscando abrir los espacios ocultos en el alma afligida de la comunidad. Para la poesía bengalí en esta fase, el modernismo se definió en términos de revelación personal, denominada poesía confesional.
La naturaleza ha inspirado la poesía bengalí desde sus orígenes. Entre los poetas posteriores a Tagore, Jibanananda Das y Shakti Chattopadhyay estuvieron fuertemente comprometidos con una naturaleza accesible a los sentimientos y que conduce a un viaje interior desde el consciente al subconsciente. La mayoría de los poetas de los años sesenta se habían alejado del contacto con la naturaleza. En los años setenta, la naturaleza volvió a aparecer en el panorama poético, principalmente debido a la preponderancia de una generación de poetas que había crecido lejos de la ciudad de Calcuta y que, de manera natural, había estado expuesta a la naturaleza en sus años formativos. Cuanto más centrada en la ciudad se volvía la vida humana, más se perdía el contacto con la naturaleza. Los años setenta vieron el surgimiento de poetas que habían nacido después de la independencia y no habían experimentado la agitación del movimiento por la libertad ni las consecuencias de la violenta partición. Fuimos testigos del regreso de las métricas poéticas autóctonas. La mayoría de los poetas de los años sesenta, en su predilección por la experimentación al estilo de la poesía occidental, tendían a descuidar la belleza métrica. Los años setenta la redescubrieron y la explotaron al máximo.
Los modales y la moral de la vida urbana exigían a la poesía algo más que una simple preferencia por la belleza pura y la calma de la naturaleza. A diferencia de los años setenta, los años ochenta se caracterizan por un espíritu predominantemente urbano. Los poetas criados en la ciudad se enfrentaron a los peligros de la industrialización, y en su vida cotidiana, era mayor la se preocupación por el sustento que por la poesía. India tenía una larga tradición de familias extensas que comenzó a desintegrarse con el avance de la industrialización, y los poetas de los años ochenta fueron los primeros en experimentar esta división, lo que naturalmente se reflejó en su creación.
Otra característica llamativa de la poesía de los años ochenta es su evolución más allá del modernismo hacia el posmodernismo. Una convergencia de varias direcciones contradictorias tanto en la forma como en el contenido; la poesía se convirtió más en un acto de construcción que de composición, en el que el intelecto prevalecía sobre la emoción.
Los años ochenta fueron testigos de la consolidación del poder por parte de la izquierda. Continuaron gobernando el estado prácticamente sin oposición por parte de los partidos de derecha. El camino más corto hacia el éxito —volverse un leal al centro del poder— se convirtió en la norma , y la mediocridad empezó a dominar. No se enfrentó ninguna lucha o crisis importante y la gente se acostumbró a buscar la salida más fácil. La comunidad creativa, incluidos los poetas, no pudo mantenerse al margen de esta tendencia y, como resultado, la voz de la protesta se fue apagando poco a poco.
El tema que ha ocupado un lugar privilegiado en la creación poética a lo largo de estas décadas —más allá del panorama antes descrito— ha sido el AMOR. El amor, ya sea como una oración silenciosa, como revelación del corazón o, muchas veces, como desánimo; en dolor intenso o pasión, o en adoración distante, se manifestó en todas sus expresiones posibles. Esta pasión eterna sigue fascinando a los poetas bengalíes a través de todas las vicisitudes de la vida, incluso después de siete décadas de independencia, pero la expresión de este anhelo ha variado según los modismos predominantes de cada década.
La característica más destacada de la poesía bengalí en la última década del siglo pasado fue su carácter lírico. Solo el tiempo dirá si esta característica constituyó un hito significativo en la trayectoria de la poesía bengalí o si, por el contrario, fue un obstáculo para su evolución en términos de modernismo. Pero ahora, al mirar atrás después de dos décadas, me siento escéptico respecto al uso excesivo de la lírica en la poesía de los noventa. Creo que esto ha alejado a la poesía del camino hacia la modernidad y, en ocasiones, ha diluido la poesía bengalí en términos de intelecto, reflexiones serias y expresividad. La mayoría eran poemas descriptivos sencillos, a veces más centrados en lo externo y otras veces más subjetivos. Los tumultos del entorno se habían calmado, y las inclinaciones o valores políticos solían decidirse en función de las recompensas que podían obtener. La amargura personal, la frustración y el desánimo dominaban el lenguaje poético.
Pero esto no significa que no se hiciera ningún intento por crear una forma de poesía más seria. La sátira fue una de las características distintivas de la poesía de los noventa. La sátira se utilizaba para describir diversos temas sociales y políticos, incluida la religión. A veces, la vida cotidiana de una persona común, su visión del mundo o incluso, en ocasiones, los casos de agresión, encontraron expresión en la poesía de esta década. Debemos tener en cuenta que la mayoría de los poetas activos durante esta época nacieron en los años setenta y crecieron durante el régimen del Frente de Izquierda. Los poetas de los noventa comenzaron a darse cuenta de los inconvenientes de este régimen. Tras veinte años de gobierno, los efectos de sus políticas comenzaron a manifestarse en la vida cotidiana de la gente. No hay agitación social, aparentemente la gente lleva una vida tranquila, pero se palpa un sentimiento de insatisfacción en la sociedad. Como resultado, las tragedias personales, la depresión y la angustia, así como los logros o fracasos cotidianos, ocupan un lugar central. Esto queda claro al repasar parte de la poesía de los noventa.
Si la vida en general no se encuentra en una encrucijada con la sociedad, si no hay ningún acontecimiento tumultuoso que perturbe la vida normal, las reflexiones de los poetas también adoptan una visión limitada. La poesía se convierte en la expresión de los deseos personales, de la angustia y la miseria, si las hay. El núcleo de la poesía gira en torno al uso de palabras como expresiones de una visión restringida.
A comienzos del siglo XXI nos encontramos con la construcción de imágenes, aunque en muchos casos son contradictorias, en marcos desarticulados que se yuxtaponen de manera aparentemente aleatoria.
Muchos de los poetas jóvenes que aparecieron en escena a principios de este siglo, estaban bastante versados en la construcción de un poema. Para esta época, hay que tener en cuenta la perspectiva mundial y un factor de gran importancia que afectó a todos: la política del terrorismo que se cernía de manera amenazante sobre el mundo, poniendo en peligro la paz. El terrorismo, la agresión y la guerra lo envolvían todo, sin importar si provenían del Estado o de fuerzas contrarias al Estado. Las tragedias golpeaban con fuerza las raíces mismas de la civilización y de la humanidad.
Los poetas bengalíes del siglo XXI observaban esta amenaza desde la distancia, mejor informados que las generaciones anteriores gracias al uso de la tecnología moderna. Aunque no se vieron directamente afectados por esta crisis mundial, en su subconsciente sentían una inquietud difusa. El ambiente de desconexión en la sociedad los hizo reacios a reunirse y, en su mayoría, cayeron presa de un individualismo centrado en el “yo”.
La vida cotidiana de los poetas de la década actual están profundamente influenciadas por Internet y la tecnología afín. Esto ha tenido un impacto profundo e indeleble en sus procesos de pensamiento. El mundo está al alcance de la mano y no queda nada para la imaginación.
Hoy en día, con solo un clic se puede acceder a la poesía que se escribe en otros idiomas o en otras partes del mundo. Como resultado, estos poetas atraídos por los escritos de otros países se ven inspirados a escribir poesía con una dicción internacional. No es que la poesía bengalí careciera de este sabor en épocas anteriores, pero los poetas de hoy han absorbido esa influencia de forma mucho más extensa en sus creaciones. Los poetas comenzaron a adoptar un estilo narrativo, a veces siguiendo la tradición y otras veces careciendo de toda filosofía. Solo construyen imágenes vívidas que, desafortunadamente, no comunican nada más allá de la palabra escrita.
Como en cualquier otro idioma, en bengalí también hay muchas voces paralelas activas con diversos matices y estilos. Algunas de estas voces se vuelven prominentes debido a su estilo o presentación, y terminan determinando la dimensión del idioma en ese momento concreto. Por ello, identifico la poesía bengalí actual como dependiente de las imágenes y el uso de la dicción internacional como principios fundamentales.
Las redes han traído el mundo a nuestros hogares. Las noticias de lugares lejanos nos alcanzan en una fracción de segundo. Por lo tanto, es bastante natural que los poetas bengalíes de hoy en día estén muy familiarizados con la matriz poética del mundo. Esto es lo que podríamos llamar la globalización de la poesía. Los poetas bengalíes conocen la poesía que se escribe en México o Mozambique. Esto favorece el nacimiento de un lenguaje internacional. Sin embargo, al carecer de conocimiento sobre la realidad de otras sociedades, los poetas se limitan a imitar la presentación de la poesía que leen en Internet. Si los poetas de todo el mundo dan más importancia a la apariencia de la poesía, ¿cómo podían quedarse atrás nuestros poetas bengalíes?
Traducción de Zingonia Zingone
Prabal Kumar Basu. Poeta, ensayista y editor indio. Escribe en su lengua materna, el bengalí. Entre sus premios y reconomientos se encuentran el Premio en memoria de Gaurishankar Bhattacharjee (1984) y Premio de la Academia Estatal de Poesía (2005).
Cuenta con una prolífica obra publicada. Entre sus libros de poesía se encuentran:
Tumi y Pratham (1983)
Byaktigata Smritistambher Pashe (1987)
Sthayee Abaas O sthayee Thikana (1989)
Janmobeej (1993)
Yapanchitra (1994)
El hombre que se ríe (1998)
Jemon Kore Gaichhe Akaash (2002)
Manobanchha Ek Bindu Jol (2004)
Película de Shuru Karbo (2006)
Shreshtho Kabita (2007)
Aapnakei Thik Karte Hobe Gantyabyo (2008)
Katha Adharma (2009)
Película de Bhalo Bolte (2011)
Primer Ministro Kabita (2012)
Nirbachito Duratwo Mene (2013)
Ei Je Ami Chalechi (2015)
De Aami a Boltei Partam (2017)
Nirbachito Kabita (2017)
Bhebechi Emni bhabei Hoy (2018)
Día de los locos (2019)
Semblanza y fotografía proporcionadas por Prabal Kumar Basu
Zingonia Zingone (Londres, 1971) es poeta, narradora y traductora. Escribe en italiano, español, inglés y francés. Sus libros han sido editados en España, México, Costa Rica, Nicaragua, Colombia, Italia, India, y Francia. Sus títulos de poesía más recientes son Los naufragios del desierto (Vaso Roto, 2013), Las tentaciones de la Luz (Anamá Ediciones, 2018), El canto de la Sulamita – Poesía Reunida, (Uniediciones, 2019), El viaje de la sangre (Huerga & Fierro Editores, 2021), y La pajarera sin redes (Domingo atrasado, 2022). Entre sus trabajos de traducción destacan los últimos dos libros de Claribel Alegría: Voci (Samuele Editore, 2015) y Amore senza fine (Fili d’Aquilone, 2018). Es fundadora de los talleres de poesía FreeFromChains y consejera editorial de la revista literaria mexicana “El Golem”.

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