La escena final
En la última escena del cine de celuloide,
el momento se congela, el tiempo se detiene.
Escriben «Fin» o «Conclusión»,
como si la historia terminara allí.
Cae el telón.
Una luz intensa se enciende parpadeando.
Los espectadores se miran unos a otros,
piensan: «Qué rápido termina la historia».
La tristeza no es solo tristeza,
ni la felicidad solo felicidad…
Después de esto, tal vez unas palomitas o un café,
o el cuerpo entregándose al sueño.
Una película existe antes de su comienzo,
y después de su final, todavía…
En la pantalla blanca y muerta y silenciosa
alguien escribe una película infinita
en el libro de la vacuidad.
Cuerpo sin vida
El hambre de los gusanos crece en el cuerpo sin vida;
decimos: «Ya no queda vida». Pronto, los insectos se propagarán.
El cuerpo, solo un cuerpo, efímero, una tienda de fama.
Pocos días después, el mundo del gusano puebla el cuerpo famoso.
Entonces, resuenan sirenas en la mente;
antiguos espíritus de agua emergen, inexorablemente.
Se han escrito muchas historias de oscuridad,
sin embargo, no queda nada.
En el cuerpo frío, helado, no queda ni fama ni gusanos.
La autopsia examina el pecho y el vientre perforados
para confirmar si se trata de una muerte natural.
Investigación
Los poemas de amor te van a detener lentamente,
como hace la policía de investigación.
De hecho, ahora, se escriben testamentos en platos de comida,
se conoce cada uno de tus suspiros; las sombras bajan al anochecer.
¿Quién te arrebató al amanecer?
Si fueras cauteloso, te darías cuenta
que ya te están vigilando en este jardín enrejado.
Tus poemas de amor revelan secretos
como lo hacen las cámaras de seguridad,
señalan el peligro.
Él se acerca lentamente, como un policía;
mas hay tristeza escondida en sus ojos también.
El ardor de las llamas se ha alejado de la costa.
Reflexiones de medianoche
A medianoche, ella se sienta en el arrozal,
a la orilla del agua, perdida en sus pensamientos.
¿Quién la ha acompañado por todos estos años?
Esperando a la luna, ha envejecido en el jardín,
como un árbol de yaca que ha perdido su vigor.
Alguien, alguna vez, le ofreció amor,
como la savia pegajosa del árbol de yaca.
Oh, Baul (*), el viaje de la vida es solo un ritual de gratitud.
Su risa luminosa resuena susurrando
al viento,
anunciándole que busca pareja para casarse.
A medianoche, se sienta en el arrozal y espera
la llegada del Maharajá, poniendo bombas de tiempo,
sus ojos enloquecidos: ¿quién conoce el saludo de los árboles?
Tantos barcos se hunden frente a su cara alabada;
¿qué luz, qué sonido, en la luna salpicada de la sangre del bosque?
En esta hospitalidad vivificante de tigre-lobo,
si alguien escribe un poema y luego se
quita la vida
¿es su muerte un arado etéreo en el arrozal?
(*) Misticos cantores de la tierra bengalí. No pertenecen estrictamente al hinduismo ni al islam, pero se inspiran en ambos; no construyen templos ni siguen escrituras rígidas, pero siguen una intensa disciplina interior. Su camino es experiencial, íntimo e interior.
La Academia para la Educación Infantil
A través de la ventana, vislumbro la civilización de al lado,
su tenue luz ilumina nuestro hogar destrozado.
¿Por cuánto tiempo seguirán las máquinas de coser
fabricando sueños incumplidos?
Su zumbido rítmico aún resuena, pero
seguimos sin sanar.
¿Amanecerá solo en los barrios de alquiler?
He oído risas y tristeza mezclarse en la casa del hambre,
donde reina el silencio y las voces se ahogan
de por vida.
En medio del humo, siento brasas en cada hueso;
quizás, si abro los ojos, se transformarán en mariposas.
Solo tenemos el cielo nublado, con trenes retumbando,
alas plegadas, alegría reprimida, en la oscuridad.
Y aun así me pregunto: ¿quién salpicó de sangre
el rocío de esta mañana?
A través de la ventana veo la civilización del vecino;
nuestra casa se derrumba, las enredaderas trepan por el patio.
El bien y el mal claman, pero solo reconozco la oscuridad
en mi tierra, tan incivilizada como tu compasión…
En tus profundidades
Te he leído, Fleur du
Mal, como a un cadáver flotando en el agua
donde buitres se abalanzan para devorar el amor, la fe y la adoración.
Quemados por el sol, desvaneciéndose, pero los peces profundamente arraigados
siguen intactos, sin despertar por el toque mágico.
Te he leído en este río de tiempo que corre.
El cielo se aclara, convirtiéndose en los ojos inocentes de Kadambari (*),
sin sentido, sin ritmo, pero los yoguis vienen del inframundo
para saborear la miel dura como la piedra.
Te he leído, despojándome de los lazos familiares, de la fragmentación;
ahora unidos, veo a Dios en tus alfabetos.
De tus palabras el Ganges fluye para bañarse,
la revelación juvenil aún se despliega.
Mis ojos, habiendo visto, no volverán;
mi mala pronunciación esconde ecos: niebla natural.
(*) Kadambari Devi era la cuñada de Rabindranath Tagore y una de las presencias emocionales más profundas en su vida temprana: su confidente, su compañera, su crítica y, tal vez, la primera lectora sensible de su poesía. La expresión «los ojos inocentes de Kadambari» es un símbolo del afecto no expresado, de la pureza ensombrecida por la tragedia, de una mirada que transmite ternura y distancia a la vez. Es un homenaje a ese delicado y casi mítico espacio emocional que nos legaron la vida y la literatura de Rabindranath Tagore.
La visión del mendigo ciego
La figura del mendigo ciego alberga oscuridad y luz,
sus eternos amigos: las hojas secas.
Su santuario interior: un vacío,
una deuda con lo Divino, sin máscara.
Sus sentimientos se asemejan a una escalera de madera
entre peldaños resuenan melodías.
¿Qué canción evoca su mano extendida?
En la oscuridad es como un faro de luz.
En su destino se entrelazan muchas espinas,
escrituras de anhelo.
Ahora, en las sombras, la mirada del mendigo ciego dibuja:
ojos santificados de luz eterna.
Su delirio pinta una escena.
Muchacha
La muchacha es un rostro, un gesto de la mano,
flores secas en el templo, un atardecer que se desvanece.
Su cuerpo cubierto de polvo o brasas,
sin trabajo durante días, al borde del campo,
al despertar de la medianoche.
Después de siglos, se acabó el último turismo,
no quedan lágrimas, ningún circo pronuncia su nombre.
Hoy, su cuerpo es una semilla de arroz,
un fuego solitario que arde entre espinas.
Un rostro, cinco minutos, muchas noches.
Hoy se han quemado las flores secas del templo,
sin fe en la eternidad.
Traducción de Zingonia Zingone
Hindol Bhattacharjee, nacido en 1977, es poeta, ensayista, novelista, autor de relatos cortos y traductor. Nacido y criado en Calcuta, India, escribe en bengalí. Habla bengalí, inglés y alemán. Es uno de los principales poetas de Bengala y tiene más de 20 libros de poesía, 2 libros de ensayos, 3 libros de novelas y 2 libros de cuentos. Como traductor, ha traducido más de 500 poemas del alemán original en colaboración con la Sahitya Academy, India — la academia nacional de letras. Por sus libros, ha recibido el prestigioso premio Bangla Academy Award y otros premios destacados en la India y Bengala.
Zingonia Zingone (Londres, 1971) es poeta, narradora y traductora. Escribe en italiano, español, inglés y francés. Sus libros han sido editados en España, México, Costa Rica, Nicaragua, Colombia, Italia, India, y Francia. Sus títulos de poesía más recientes son Los naufragios del desierto (Vaso Roto, 2013), Las tentaciones de la Luz (Anamá Ediciones, 2018), El canto de la Sulamita – Poesía Reunida, (Uniediciones, 2019), El viaje de la sangre (Huerga & Fierro Editores, 2021), y La pajarera sin redes (Domingo atrasado, 2022). Entre sus trabajos de traducción destacan los últimos dos libros de Claribel Alegría: Voci (Samuele Editore, 2015) y Amore senza fine (Fili d’Aquilone, 2018). Es fundadora de los talleres de poesía FreeFromChains y consejera editorial de la revista literaria mexicana “El Golem”.
Semblanza y fotografías proporcionadas por Zingonia Zingone

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