Ensayo de Pierre Jean Jouve

 

 

 

 

   Conocemos hoy miles de mundos en el interior del mundo del hombre, cuya propia obra estuvo dirigida a ocultarlos; conocemos miles de capas en la geología de este ser terrible que se desprende con obstinación y quizás de un modo maravilloso (aunque sin llegar a conseguirlo del todo) de una arcilla negra y de una placenta sangrienta. Se abren así muchos caminos cuya complejidad y rapidez pueden darnos miedo. Este hombre ya no es el personaje con traje o uniforme que habíamos imaginado, sino más bien un abismo doloroso, cerrado, pero casi abierto, una colonia de fuerzas insaciables, raramente felices, que se mueven en redondo como cangrejos, con pesadez y espíritu defensivo. También se advierte en el corazón humano y en la matriz de su inteligencia, una tal cantidad de cosas que chupan, de bocas malvadas, de materias fecales odiadas y queridas, un tal apetito caníbal o de tenaces, extrañas invenciones incestuosas, toda una tendencia obscena y una magia -prodigiosa acumulación y un monstruo tal de Deseo alternando con un implacable verdugo que, a partir de ese punto, el problema del hombre parece desplazarse continuamente; pues luego de haber pensado: ¿cómo puede ese fondo terrible permanecer velado? y acto seguido: ¿cómo el hombre ha logrado ignorarlo durante tanto tiempo?, nos preguntamos por fin: ¿cómo es posible que el hombre haya podido oponer la conciencia razonadora a fuerzas tan temibles y determinadas? Las denegaciones más violentas pueden sacudir el mundo: el hombre moderno ha descubierto el inconsciente y su estructura; ha percibido el impulso del eros y el impulso de la muerte anudados, y la cara del mundo de la Falta, es decir del mundo del hombre, ha sido definitivamente cambiada. Ya no se deshará el lazo entre la culpabilidad -sentimiento fundamental corazón de cada ser humano-  y la intrincación inicial de los dos instintos capitales. En adelante nada podrá hacernos olvidar que somos conflicto insoluble entre las líneas: la primera ligada al calor del ser, la segunda al desarrollo racional de la nada podrá tampoco disimularnos que un estallido íntimo (puesto que nos hemos debido forzar para substraernos de la animalidad) sigue siendo posible como una amenaza para nuestra vida interior. Incalculable acrecentamiento de lo trágico que nos da la metasociología, y en primer término el conocimiento de un ojo dirigido hacia nuestro secreto, o sea hacia nuestro propio ojo.

 

   No nos sorprende pasar, con este ojo, por cilindros, conductos, cúpulas, ruinas; ni ver al rostro mudar de carne, al destino cambiar de nombre, al deseo introducirse en el orden de las causas, trabajar a la muerte. Entre los personajes emplomados y misteriosos del origen, todo sucede de inmediato, para siempre, con una intensidad terrible y sin solución. El universo, bajo la persona del Sr. Pérez, es la potencia que trata de tornarse plana hasta el momento de desmoronarse y de abandonarlo. Dioses y mitos forman parte de su realidad y constituyen asimismo su gigantesco castillo de naipes. El inhumano espesor de todo eso sería capaz de hacerle estallar la cabeza (de alienarlo respecto de sí mismo) si no tuviera un espíritu frívolo (o inteligente) siempre dispuesto a no ver aquello que lo ofende. Sin embargo, el hombre se esfuerza en la batalla del abismo, se esfuerza y, en raras ocasiones, piensa. A condición de no haber sido reducido a una especie de muerte previa en el mecanismo, piensa. En este punto, el milagro, que nunca ha estado muy lejos del hombre, empieza a manifestarse. Estamos en el misterio de la sublimación, para usar una palabra con la que Freud designó toda una especie dinámica. De tal modo, un trasporte de energía en el interior de la tendencia haría que ella misma perdiera sus características, sin dejar de permanecer fiel a su origen; de determinada y necesaria, pasaría a ser más gratuita, ganando pues en altura. Capaz de vastas transformaciones en cantidad, en género, capaz también de inventar su calidad, de trascenderse, tal sería la libido. Esta construcción es satisfactoria y no creo que el "alma" del hombre resulte disminuida. Al contrario. (El hombre es, en la actualidad, más grande, si quiere darse cuenta, que en la Edad Media y que en siglo XVI, épocas en que tuvo un concepto bastante elevado de sí mismo; y lo es porque, herido en su narcisimo, debe tener acceso a fuerzas imprevistas). Así, la psicología, que se apresta a trastornar la civilización enferma cuando señala lo demoníaco de la vida de los instintos, aporta mediante el mismo movimiento una Razón mejor fabricada.

 

   Está surgiendo la idea de que para ciertos espíritus (los místicos) debe existir la posibilidad de relaciones y acuerdos fundamentales entre el super-yo, potencia compulsiva arcaica, y el Fondo erótico más universal que es su no-yo; de manera que, en el nivel del inconsciente, la guerra llevada a cabo por su super-yo contra su yo erótico no tiene por efecto, tal como lo fue para otros, la enfermedad o el accidente, sino que produce en todo sentido un ahondamiento ilimitado. El gran valor de esta comprobación se debe a las consecuencias dialécticas que podemos sacar de ella. Por lo tanto, habría naturalezas para las cuales el inconsciente universal, más lejano que el inconsciente del yo, tiene poderes secretos; que serían capaces de reconocerlo a través de ciertas disciplinas, de darle y de recibir de él -movimientos que sólo podríamos designar como espirituales. Puesto que en adelante toda cosa debe obedecer a la forma del psiquismo del hombre, pero puesto que estamos lejos de conocer lo que separa a las tendencias más universales del inconsciente de las formaciones espirituales que consideramos las más elevadas -del mismo modo que cierto erotismo impregna los actos sublimes de los santos-, casi podemos conjeturar que la serie de fenómenos es circular y que en esas naturalezas privilegiadas lo más bajo se une instantáneamente a lo más alto.

 

   Esto es, al menos, lo que podemos afirmar respecto de esa cosa más modesta que es la Poesía. Los poemas que desde Rimbaud, se empeñaron en liberar a la poesía de lo racional, saben muy bien (aun cuando crean ignorarlo) que encontraron lo máximo posible por el inconsciente, la fuente antigua y en el inconsciente, o siquiera en el pensamiento influido nueva, y que, por consiguiente, se acercaron a lo que podría ser un nuevo objetivo para el mundo. Pues, como lo dice Freud, somos masas de inconsciente ligeramente clarificadas en la superficie por la luz del sol; y esto, los poetas lo dijeron antes que Freud: Lautréamont, Rimbaud, Mallarmé y, en fin, Baudelaire. En su actual experiencia, la poesía se halla presencia de múltiples condensaciones mediante las cuales alcanza el símbolo, ya no más controlado por el intelecto, sino surgido, temible y real. Es como una materia que libera sus poderes. Y mediante la sensibilidad que lleva la frase al verso y el vocablo utilitario a la palabra mágica, la búsqueda de la forma adecuada llega a ser inseparable de la búsqueda del fondo. ¡Que la Poesía se desarrolle "en lo absurdo" como algunos dicen!

 

   Todo este edificio bastante maravilloso resulta además atravesado por otro movimiento del inconsciente que llamamos catástrofe. Como si estuviéramos, respecto del alma humana, en una de esas perturbaciones primarias que han de alterar el aspecto de todo, destruyendo el bien a la vez que el mal, borrando al hombre en el momento de darle el conocimiento. La peor catástrofe de la civilización es ahora posible porque ella vive en el hombre, misteriosamente activa, racionalizada, tanto más amenazadora cuanto que el hombre sabe que responde a un impulso de esa muerte que reside en él. La psiconeurosis del mundo ha llegado a tal punto que es capaz de engendrar un acto suicida. La sociedad vuelve a acordarse tiempos de San Juan o en el año mil; entonces espera, espera el fin. No hay necesidad de demostrar que el creador de los valores de la vida (el poeta) debe estar contra la catástrofe; lo que el poeta ha hecho con el instinto de la muerte es lo contrario de lo que la catástrofe alienta; en cierto sentido, la poesía es la vida misma del gran Eros, muerta y en consecuencia sobreviviente. No creo en la poesía que, en el proceso inconsciente, elige el cadáver y se aferra a él; para el cadáver no hay revolución ni acción. Dios es vida, y si la muerte debe finalmente integrarse al mundo o a Dios, esto no sucederá jamás a través del "sentido del cadáver" que, cosa extraordinaria, el hombre lleva en su interior desde que nace, como un poder diabólico capaz de engendrar la falta. ¿Pero quién sabe si ese poder demoníaco y esa falta no son los factores de la emancipación del hombre? De cualquier modo, es cierto que hoy día no sabemos qué hacer con los instrumentos de la Destrucción; las iniquidades corruptoras de las naciones hacen de Europa "la gran prostituta... sentada sobre una bestia escarlata de siete cabezas y diez cuernos y cubierta de nombres injuriosos..." "¡La gran ciudad vestida de escarlata y de púrpura y de hermoso lino, adornada con oro, piedras preciosas y perlas! ¡En una hora se perdieron tantas riquezas!" Nos damos perfectamente cuenta de que no se trata tanto de revolución como de destrucción pura, de búsqueda de un culpable objeto de odio, y de regresión.

 

   La revolución como el acto religioso tiene necesidad de amor. La poesía es un vehículo interior de amor. Debemos pues, poetas, producir este "sudor de sangre": elevación hasta esas sustancias muy profundas o muy elevadas que derivan de la pobre, de la bella fuerza erótica humana.

 

 

 

 

 

Marzo, 1933.

 

Prefacio de Jouve a Sudor de Sangre

 

 

 

Traducción de Federico Gorbea

 

 

 

Este prefacio pertenece al libro Poesía, Pierre Jean Jouve, publicado por Ediciones Librerías Fausto, en 1974, Buenos Aires, Argentina.

  

Pierre Jean Jouve  (Arras, 1887 - París, 1976) poeta y novelista francés. Estudió matemáticas y derecho. En 1906 fundó en Lille la revista Les Bandeaux d’Or. De 1911 a 1913 adelantó estudios de Filosofía en Poitiers. En sus inicios hizo parte del unanismo francés, junto a autores como Jules Romains, Charles Vildrac y Georges Chennevière. Posteriormente, renegó de sus primeros versos, tradujo al francés Poemas de la locura de Hölderlin y Romeo y Julieta de Shakespeare, y comenzó a publicar sus primeras obras: Las nupcias (poesía), Paulina (Novela).

 

Fuente biográfica y  fotográfica: Book-Node

 

 

 

Federico Gorbea es un poeta y traductor argentino. Ha publicado varios libros, incluyendo "El arte único-poetas argentinos contemporáneos" y ha sido director de la revista literaria "Juego Rabioso" junto a Horacio González Trejo y Horacio Pilar. Gorbea también ha trabajado en la traducción de obras literarias, como la "Divina Comedia" de Dante Alighieri


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