Poesía de Natalia Litvinova

 

FLORES DE CHERNÓBIL

 

 

 

Nuestros hombres comienzan a extinguirse,

 

nadie sabe por qué las mujeres resisten más.

 

Mi padre llora al sacrificar a un animal

 

mientras mi madre cambia

 

el empapelado de las paredes.

 

No nos dejan exponernos al sol, empalidecemos

 

como flores que crecen bajo la nieve.

 

Huimos al bosque, lejos de este edificio,

 

yo con mi blusa infantil

 

y mi hermano con su remera lisa.

 

Qué ganas de volver al lugar donde nacimos

 

y correr con los brazos extendidos,

 

limpiar el aire como uno de esos aviones

 

que arrojan espuma

 

sobre el sarcófago humeante.

 

 

 

GOLOVINTSI 2017*

 

 

 

Vine a arrancar la maleza,

 

a lavar el palto,

 

el vaso con vodka

 

que dos veces al año

 

los familiares dejan a sus muertos

 

en el cementerio rural de Golovintsi.

 

La tumba de mi padre

 

es el principio y el fin de mi viaje.

 

 

 

Recorro la ciudad

 

y miro de reojo

 

las plazas donde jugaba,

 

el parque de mi infancia

 

ahora es una base militar.

 

 

 

Veo fotos viejas y hurgo

 

entre las reliquias familiares.

 

Zoia me muestra los vestidos

 

que mamá le cosió hace treinta años.

 

No me animo a acercarlos

 

a mi cuerpo.

 

 

 

Un caballo pasta a un costado.

 

La lápida de mi padre

 

cubierta de musgo

 

me mira como a una flor más.

 

 

 

Agachada arranco las raíces

 

sin distinguir

 

entre plantas buenas o malas.

 

 

 

El viento en mi nuca

 

avisa que pronto

 

el invierno cubrirá de blanco

 

lo que vi.

 

 

 

* Bielorrusia.

 

 

 

 

 

SIBERIANA

 

 

 

Miro hacia delante y soy igual al paisaje

 

en el que nací, allá donde las mujeres son felices

 

lavando ropa en el río, la escarcha arrasada

 

por la corriente les raspa la piel.

 

Yo llevo la sangre de las mujeres

 

que vuelven a casa enrojecidas

 

como si ocultaran un amor.

 

 

 

 

 

LA RECONSTRUCCIÓN

 

 

 

Una mujer sobrevive

 

al campo de concentración.

 

Le queman el rostro

 

y una amiga la rescata,

 

el cirujano le reconstruye los rasgos.

 

Camina por la ciudad derruida

 

con el cuerpo en recuperación.

 

El amor no tiene lugar

 

para el destierro.

 

Busca a su esposo en los bares,

 

lo encuentra, pero él no la reconoce.

 

La amiga le confiesa que fue su marido

 

quien la entregó.

 

Lo que me mantuvo viva

 

fue la esperanza de reencontrarlo,

 

le contesta.

 

La vida se alejó de mí

 

pero puedo capturar algo de ella

 

anhelando.

 

 

 

 

 

EL MAR DE NOCHE ES UN ABISMO SI LA LUNA

 

NO LO TOCA

 

 

 

Los poemas tristes

 

son un secreto homenaje a la alegría.

 

De ser posible, yo pediría nacer barco,

 

uno que va hacia su naufragio

 

y sabe que hay un iceberg para él.

 

Mi vida consistiría en aprender

 

a nadar tranquila.

 

 

 

 

 

LA ESPIGADORA

 

 

 

La espigadora trabaja bajo el sol

 

y en la oscuridad le arde la cara.

 

Canta a su hombre dormido,

 

mientras le saca las botas y el barro seco

 

queda en sus rodillas. Canta,

 

para que no se despierte, todo el día

 

junta espigas para una harina que no come,

 

lino para los vestidos que no usa.

 

Le saca las botas, cada noche, granos de su pelo.

 

Pero en secreto quiere ser una nodriza,

 

como Safo, para susurrar a sus compañeras

 

y dormir en el pajonal

 

entre sus cuellos perfumados

 

con una mano en el pecho.

 

 

 

 

 

(de “Siguiente vitalidad”)

 

 Natalia Litvinova (Gómel-Bielorrusia, 1986). Poeta y traductora argentina de origen bielorruso, codirige la editorial Llantén junto a Tom Maver. Obtuvo el Premio estímulo de la Fundación Argentina para la Poesía (2017). Publicó en poesía: Esteparia (2010), Grieta (2012), Todo ajeno (2013), Cuerpos textualizados (en coautoría con Javier Galarza, 2014), Siguiente vitalidad (2015) y Cesto de trenzas (2018).

 

Tradujo varias antologías de poesía rusa y a autores como: Serguéi Esénin, Innokenti Ánnenski, Marina Tsvietáieva y Nika Turbiná.

 

 

Semblanza extraída de: http://www.vallejoandcompany.com

 

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