Poesía de Roberto Amézquita

Algunas Rosas

 

 

 

 

 

Arquetipo mudable de los arquetipos y Forma de las formas es la Rosa; símbolo de la vida interior y sus espinas, esencia de la vida exterior y su lumbre de apariencias. La Rosa es cuerpo y espíritu, pasión y límite que nos recuerda lo efímero –y por tanto lo eterno–, de todo cuanto tiene existencia. Fue, además, con el aceite de la Rosa que Afrodita ungió a Héctor en la pira mortuoria para que no lo royera –del todo– la Muerte. Las Rosas de Pieria han sido cultivadas por poetas de todas las épocas, de Safo y Anacreonte, a Ovidio y Ausonio; por Shakespeare y Ronsard, por Blake, Darío, Rilke, Celan, Borges o Lizalde, entre muchos otros poetas excelentes. Por tanto, uno quizá no debería dejarse arrebatar por el engaño de esta indeseable flora parásita, pero como ha ocurrido a otros, estas flores fueron trepando irremediablemente a mi escritorio.

 

 

 

Roberto Amézquita

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

I

 

 

 

What's in a name?

 

Shakespeare

 

 

 

La Rosa antílope descarna al sol

 

su rojo costillar, garfio en la luna,

 

y su cuarteada cornamenta vegetal,

 

bullen la sangre del plateado pétalo

 

en que rojo el azogue y roja   

 

su hermosa simetría, se cuartan

 

‒bajo la zarpa y luz

 

del sueño y de la espina‒.

 

 

 

Decapitada yace en el jardín, es presa

 

que se ha llevado la propia flor con su fragancia.

 

Muerte más muerte la de esta rosa

 

que brilla sus flujos y legajos por la tarde

 

mientras los buitres y las hienas floran,

 

irremediablemente floran

 

en su nombre.

 

                                                                               

 

La Rosa antílope descarna al sol,

 

si tuviera otro nombre, si fuera otro

 

el aroma del brillo de sus huesos,

 

por igual rasgaría sus sílabas de ámbar, igualmente

 

un tañido en las cuerdas ocultas de la noche          

 

repetiría el eco de los salmos del sol y de la luna

 

en que el antílope y su pasto azul

 

ahora despiertan.

 

 

 

 

 

 

 

XII

 

 

 

La Rosa en grillo y muerto,

 

frotó su cuerda para el día, pulsó

 

su verde insecto sin el verde,

 

su cuerpo gris, su vano aroma

 

de grillo en flor y en cuerda,                               

 

de oscuro violín de los jardines.

 

 

 

 

 

 

 

XIV

 

 

 

pastado por las cabras…

 

rosas… miel…

 

Alceo

 

 

 

La Rosa cabra en flor, en blanca

 

perdediza aurora, por la mente

 

llena de luz mental de miel en piedra

 

y arde su vidrio aromático de pétalos

 

al descenso por la sierra en que su cuerno

 

despierta el fulgor de la conciencia.

 

 

 

La cabra corola

 

de cuerno cíclope y preciso

 

parte el augurio del camino en partes y en bandadas

 

con sus tallos y con sus pezuñas de espina y pájaro

 

vuela, la Rosa cabra, asciende

 

y es flor hermética y es flor

 

en que abren todos los sentidos.

 

 

 

 

 

 

 

XIX

 

 

 

Rosa, libro del perfume

 

que no leeremos nunca,

 

página en sangre,

 

aroma en vano,

 

Rosa ilegible para todos los sentidos,

 

costillar de la muerte sin cadáver                                   

 

árido enjuto pétalo,

 

osamenta

 

del sol de sombra que a su pálido vientre

 

nace,

 

al corazón sin pulso de otro día,

 

espejo quebrante sobre espejo,

 

efímero rubor multiplicado,

 

herida

 

para los ojos, herida,

 

aromáticos.

 

 

 

 

 

 

 

XXIII

 

 

 

Vi el corazón pulsante de la rosa

 

con mis manos de ciego

 

al interior

 

de su pulso de sombra

 

un sol escarlata latió

 

en mi sangre.

 

 

 

No fue el perfume

 

sino la espina

 

lo que condujo el aroma

 

entre los dedos, me miró                                             

 

la flor en la rosa y su ojo,

 

cerrado para siempre

 

espera ciego en mi mano

 

espera despertar de un sueño

 

tan hondo

 

en que al fin del tegumento y de la luz

 

surja de nuevo en el rosal

 

mi vista.

 

 

 

 

 

 

 

XXVIII

 

 

 

Contre qui, rose,

 

avez vous adopté

 

ces epines?

 

Rilke

 

 

 

¿Contra quién, espinas,                            

 

se han hecho brotar aquella rosa?

 

¿Para cuál jardín de hipócritas ideas

 

han alzado esta cabeza ausente

 

del filo al fuego de sus sienes? ¿Para qué

 

abigarrar su belleza puntiaguda,

 

su estruendo de níquel verde,

 

su alguna vez oscura voz en punta del destino,

 

con ese vano azufre de aroma para un día?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Roberto Amézquita (CDMX, 1985). Poeta, traductor y editor especializado en poesía. Es autor de los libros Ante un cadáver (Llamarada Verde, Bolivia, 2022) y Yámbicos de escarnio y maldecir (El Suri Porfiado, Argentina, 2016). Es editor asociado en Círculo de Poesía. Revista Electrónica de Literatura y en sus tres editoriales: Visor Libros México, Valparaíso México y Círculo de Poesía Ediciones. Como traductor ha recibido los reconocimientos del Instituto Camões (Portugal), Goethe-Institut (Alemania) y de la Biblioteca Nacional de Brasil. Traducciones suyas del alemán, portugués, rumano, inglés, neerlandés, entre otras, pueden leerse en https://circulodepoesia.com/tag/roberto-amezquita/ donde también traduce el Dossier Paul Celan.

 

 

 

 

 

Semblanza y fotografía proporcionadas por Roberto Amézquita.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Escribir comentario

Comentarios: 0