Entrevista a Juan Galván Paulín

Juan Galván Paulin: “Paradiso me mostró como habitar
la profundidad de la realidad”
Fragmento de una entrevista inédita donde el poeta y narrador
nos cuenta sobre la novela de Lezama Lima y cómo cambió su vida

 

Por Juan Manuel Esquivel

 

 

 

No me gustan las palabras experto o especialista, desconfío de ellas, en especial, hablando de literatura; sin embargo, Juan Galván Paulin ha ido y venido tantas veces por las páginas de Paradiso –y en general por la obra de José Lezama Lima— que me resulta casi imposible no llamarlo así. Pocos como él conocen tan a fondo la obra cumbre del cubano, quien siendo uno de los portentos literarios de nuestra lengua es prácticamente un autor desconocido para el gran público. Por esa razón, en agosto del 2021, Galván Paulin decidió impartir el curso “Revelando el misterio de Lezama Lima” en el Colegio de Escritores de Latinoamérica. Fueron catorce sesiones, una por cada capítulo de la novela, “cada uno es una novela en sí”, nos decía Galván Paulin… Los jueves, las sesiones eran los jueves, quienes participamos nos internábamos en La Habana mitológica de Lezama y nos perdíamos por las infinitas ramificaciones espacio-temporales de la novela; supimos de magia, de filosofía, de poesía, de cábala, de vudú… Estuvimos en Taxco, en Florida, en Jamaica; caminamos con las legiones romanas en los campos de Capadocia y disfrutamos del arte más exquisito en palacios vieneses, y cómo olvidar la comida, ya en cocinas humildes o pudientes… Vimos nacer y morir; conocimos el bien y el mal, y el amor, siempre de la mano de Galván Paulin, novelista, ensayista, poeta, profundo conocedor de religiones y mitos. Al terminar el curso quería saber más y, también, invitar a otros a la lectura de Paradiso. Entrevisté a Galván Paulin en Hayal Gückü, un centro cultural y cafetería en Xochimilco que por entonces atendían personalmente el maestro y su pareja Aída. Desde la mesa donde lo esperaba, recuerdo, vi a Galván Paulin servirle una Heineken con gran maestría a una comensal. Alegre, la cerveza se acumulaba como dorada arena en el traslúcido interior del tarro, cumpliría su sagrado destino.

 

 

 

Juan Manuel Esquivel: Paradiso tiene fama de ser un libro “raro”, “difícil”, “hermético”, además de muy largo, ¿es así?

 

Juan Galván Paulin: Raro, difícil, hermético… Creo que al igual que puede suceder con muchas otras obras y muchos otros autores, se elabora en torno a Paradiso una suerte de leyenda negra; sin embargo, y sin que esto suene pretensioso ni pedante, entiendo que hablar más de cuarenta años después de haber hecho la primera lectura sobre Paradiso, quizás me haya borrado en la memoria, precisamente, esta condición. Puedo confesar que en la primera lectura que hice de Paradiso no entendí absolutamente nada, porque justamente había opuesto a la lectura lo que el mismo Lezama menciona que uno no debe de hacer: obstáculos, y los obstáculos de la razón, los obstáculos del pensamiento académico, incluso el pensamiento de la circunstancia crítica de la literatura pueden, en algún momento, llevarnos, sí, a definir Paradiso como raro, difícil, hermético; sin embargo, creo que es de ahí de donde debemos partir para entonces comenzar a abordar y abonarnos al mismo tiempo con su misterio. Es un libro, más allá de raro, difícil, hermético, mistérico en el sentido de que su lectura puede llevarnos a una suerte de revelación.

 

JME: Muchos lectores le sacan la vuelta, podría pensarse que no es el tipo de libro que hoy se busca, aunque ciertamente se le menciona bastante.

 

JGP: Quizás no sea el libro que hoy se busca porque estamos buscando o libros de la inmediatez o libros de una literatura directa, horizontal, o porque no decirlo también de esta manera: complacientes. Paradiso es una obra, en tanto reveladora, que exige del lector no un cúmulo de conocimientos, sino por sobre todas las cosas, una inocencia. La inocencia de estar frente a una obra que puede decirnos muchas cosas si nos abrimos a ella, o que puede cerrarse por completo si asumimos cualquiera de las dos posturas que voy a mencionar: una actitud arrogante, racionalista, crítica, o bien, la idea de que el libro no es para nosotros porque no tenemos la capacidad suficiente para comprender lo que Lezama Lima nos dice en Paradiso. Pero retomando la primera pregunta sobre la fama de Paradiso en tanto raro, difícil, hermético, contestaría de esta forma: hermético sí, porque es un libro, yo lo entiendo de esta manera, religioso. Hermético también, en función de que es revelador, es decir, está relacionado con aspectos de un conocimiento filosófico vinculado a la cábala cristiana, vinculado a la filosofía platónica y neoplatónica, pero sobre todo en términos de una filosofía visionaria o mística. Es hermético en ese sentido y, por lo tanto, repito: es un libro revelador.

 

JME: Usted comenzó a leer a Lezama Lima a los veintidós años, ¿cómo fue ese encuentro?

 

JGP: Mi encuentro con la obra de Lezama Lima fue en el orden de lo fortuito. Yo participaba en los talleres literarios de la Asociación de Escritores en el Club de Periodistas, en la calle de Filomeno Mata del Centro Histórico. Estuve con Isabel Fraire, con Amparo Dávila, y en esta circunstancia de la juventud, en donde queremos ser escritores a ultranza para descubrir o revelar determinadas cosas, además de que siempre he sido un lector asiduo desde muy niño, en ese momento me avoqué a la lectura del caudal de revistas y suplementos culturales que se publicaban, y en cierta ocasión, en la última página de “Sábado”, suplemento del periódico Uno más uno, me encontré con unos poemas de Lezama Lima, y justamente lo primero que dije fue: ¿acaso esto es poesía? No sabía absolutamente nada del poeta. ¿Realmente esto es poesía?, ¿frente a qué estoy?, porque, honestamente, me resultaba más bien una especie de tomadura de pelo. Esa fue mi primera reacción ante tres o cuatro poemas de Lezama Lima, donde si mal no recuerdo había unas onomatopeyas, repetía en algunos versos el parpar de los patos, cuac, cuac, cuac. Y siendo un muchacho ignorante de la revelación poética, por decirlo de esta manera, ignorante de otros contenidos, tal vez imbuido de otras lecturas, pues hay que entender que soy de una generación que vivió su adolescencia en los años setenta, yo estaba, sobre todo, imbuido de una perspectiva sociológico-política, en fin, descreí de esa poesía. Un año después, me encuentro la Poesía completa de Lezama Lima en una edición de Alfaguara. Qué fue lo que me llamó la atención de ese volumen grueso que, por cierto, alguien me robó en alguna escuela, digamos que lo perdí, espero que lo hayan leído, que haya sido con beneficio. Lo que me llamó la atención fue la portada, donde había unos nenúfares coloreados, florecidos, pero, además, en un fondo azul celeste. Leí “Muerte de Narciso”, que es el poema que abre esa antología, y entonces el poema me sacudió, me sacudió de alguna forma, tampoco entendía absolutamente nada, pero algo dejó en mi interior. Lo puedo decir de esta manera: abrió para mí una inquietud. No es que haya comprado el libro, solamente lo vi, el libro lo adquirí muy posteriormente en la primera librería de El Juglar, que estaba sobre avenida Revolución, antes de que se fueran a la Guadalupe Inn, a una plazuela cuyo nombre no recuerdo ahora.

 

JME: ¿Y Paradiso? ¿Cómo llegó a su vida?

 

JGP: Fue en una segunda ocasión. Entré a la librería de El Sótano que estaba en la Alameda y lo que me llamó la atención, además de la tipografía del título, fue ese color cercano al rosa mexicano que tiene la portada de editorial Era con una ilustración de René Portocarrero. ¿Qué provocó en mí esa imagen? No sé. Compré el libro y comencé a leerlo. Lo leía en el metro, no recuerdo si iba a la Facultad de Filosofía y Letras, no sé qué hacía, yo viajaba en la Línea 3, vivía en Ecatepec en ese entonces, y el libro lo terminé de leer en estos viajes, seguramente hasta Ciudad Universitaria, en una semana. Y, precisamente, cuando mencionaba hace un momento que no entendía absolutamente nada, la frase al final de la novela, “ritmo hesicástico, podemos empezar”, me dio la pauta para retomar la lectura y entonces sumergirme de una manera profunda en Paradiso. Esta inmersión no fue voluntaria, puedo decir que de alguna manera el sistema poético de Lezama Lima me atrapó de tal forma, como lo puede hacer el estanque con cualquier Narciso, que me jaló hasta el fondo de sí mismo.

 

JME: Sé que Paradiso lo sacudió y pasmó al mismo tiempo, cuénteme más.

 

JGP: En efecto, me sacudió. Yo estaba transitando en ese momento por las dificultades de la adolescencia, porque la adolescencia, incluso fisiológicamente, termina a los veinticinco años, y la literatura caballeresca también nos lo dice: a los veinticinco años uno ya va camino a ser un maduro joven, mientras tanto se es adolescente, y entonces me marché hacia el Valle del Mezquital con la resonancia de la novela, con la novela en mis manos, seguramente en la maleta o en la mochila, y comencé, lo puedo decir de esta forma, a habitar el sentido de lo poético. Comencé a comprender que la poesía no es exclusivamente un ejercicio literario, tampoco una propuesta meramente existenciaria, sino que tiene que ver con ahondar, por principio de cuentas, en el propio abismo. Y todo lo que recorremos, en eso que podemos denominar el interior de nuestro abismo, podemos en algún momento dado expresarlo en palabras. Lo que estamos expresando en palabras, entonces, es una experiencia con la profundidad personal y, al mismo tiempo, con un exterior que no guarda diferencia tampoco con ese abismo. Eso fue lo que me enseñó Lezama Lima, ese fue el sacudimiento que me entregó.

 

JME: ¿Qué le mostró Paradiso? ¿Qué nos enseña? ¿Por qué desde esa primera lectura hace más de cuarenta años no ha dejado de releerlo?

 

JGP: Paradiso es una novela que habla de lo cotidiano, que narra la cotidianeidad de un personaje que va en pos de su destino. Lo que me mostró Paradiso fue la forma de habitar lo cotidiano, la realidad inmediata, con una profundidad que, hasta ese momento, quizás, yo había anhelado. Como la búsqueda de un poeta o de un muchacho, yo había anhelado la profundidad de la realidad, que es al mismo tiempo la profundidad de la propia existencia. Eso es lo que me mostró Paradiso. Y desde entonces, precisamente, participo de esa realidad, sin pedantería y sin que esto suene exagerado. Ese ámbito que le es dado participar a los místicos le es dado participar a los que experimentan, valga la redundancia, una experiencia existencial profunda, todo aquello que tiene que ver con una metanoia que nos hace participar de una conciencia más amplia. Y entonces, la realidad comienza a resonar en nosotros y a reverberar y comenzamos a hacerlo al mismo tiempo con ella de una forma, primeramente, muy distinta y luego de una manera profunda. Y aquí puedo decir entonces el término: de una manera verdaderamente real. A partir de los contenidos de un sistema poético o a partir de los contenidos de una obra literaria o de una obra de arte, nos es permitido acceder a la evidencia de lo real en su profundidad a través del ejercicio estético, o en el caso de Lezama Lima a través del ejercicio de la metáfora, la metáfora como algo vivo. Esto es lo que a mí me convulsionó Paradiso a los veintidós años y hoy, que voy hacia a los 67, me sigue conmoviendo y, sobre todo, me sigue revelando cada nueva lectura que hago de Paradiso.

 

 

Juan Manuel Esquivel García (Ciudad de México, 1980) poeta, ensayista y traductor. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por el Tecnológico de Monterrey, también cuenta con el diploma en Formación de Traductores Literarios de la ENALLT (UNAM). Durante algún tiempo ejerció el periodismo y la comunicación corporativa para después formarse como escritor en distintos centros educativos y culturales, como el Colegio de Escritores de Latinoamérica. Por su poesía ha sido invitado al programa Al compás de la letra en Radio UNAM, y en 2022 traducido y publicado en el diario bengalí BDNews24. Periódico de Poesía, Casa del tiempo, Letralia, Taller Igitur, El Gólem, Murmullo de Paloma son algunos medios en los que regularmente publica su trabajo. Jacarandas y otros poemas y El oro íntimo son los títulos de sus primeros poemarios, actualmente en concurso.

 

 

 

Semblanza y fotografía proporcionadas por Juan Manuel Esquivel

Fuente biográfica: Editorial Pre-Textos

 

Fuente fotográfica: casaamerica.es

 

 

 

Juan Galván Paulín: Nació en la Ciudad de México el 9 de octubre de 1955. Poeta, narrador y ensayista, estudió Sociología en la FCPYS y Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFYL de la UNAM. Ha trabajado para el DIF del Estado de México como director en Casas de Cultura; también ha sido asesor en el IMC y coordinador de talleres literarios en la Sierra Alta de Hidalgo y en la Ciudad de México. Como docente fue coordinador de literatura y profesor en el Instituto Superior de Cultura. Actualmente imparte seminarios sobre religiones del mundo en el Centro Cultural Helénico, así como diversas materias de literatura en el Colegio Latinoamericano de Escritores. Algunos de sus libros son la colección de cuentos De biznagas y otros nombres, el poemario Mi cuerpo germina temblor entre tus labios, las novelas Dama León y El viejo Roth y los ensayos Calar en el espejo y Me mato por una mujer traidora; la pintura de Abraham Ángel.

 

 

 

 

Semblanza y fotografía proporcionadas por Juan Manuel Esquivel

 

 

Escribir comentario

Comentarios: 0