Poesía de A.E. Quintero

 

 

A mi gato se le cayeron ya todos los dientes

 

y se esconde bajo un mueble bajito.

 

Imagino su angustia

 

al recordar cómo le huían las arañas y las sombras,

 

cómo le temían las ventanas y los pájaros.

 

 

 

Perdió sus dientes

 

y se siente solo, siente el peso de cubeta honda

 

que es el tiempo.

 

Sus dientes eran su compañía,

 

su mejor amigo,

 

su huella digital sobre las cosas.

 

 

 

¿Cómo le explicas a un gato

 

qué es la vejez?

 

¿Cómo le dices que sólo ocurre?

 

Que un día abres los ojos y ahí está. Eres viejo.

 

 

 

La identidad es algo que no se pierde

 

excepto con el tiempo, con la vejez, con ir dejándonos en las personas.

 

 

 

Mientras escribo esto

 

mi gato está bajo una silla, huyendo de las arañas,

 

escondiéndose de las sombras de los insectos que le temían,

 

ocultándose avergonzado de los pájaros y las ventanas,

 

asustado de su nueva posición en el mundo,

 

aterrado de sentir sus encías deshabitadas, desalojas sorpresivamente,

 

intentando despertar y despertar;

 

despertar

 

y que sus colmillos sigan ahí, prestos, dirigentes, altivos.

 

Ahora quiere volver a ser un gato

 

y no puede.

 

Ahora quiere devolverle a su hocico lo felino

 

y no puede,

 

no logra volver a ser un gato.

 

 

 

Y yo, que desde hace años hablo humano roto,

 

intento inútilmente ocupar

 

en su corazón

 

el sitio que su dentadura ocupaba.

 

 

 

¿Cómo explicarle a mi gato

 

que la vejez no sólo te quita sueños,

 

no sólo encoge la esperanza?

 

 

 

Bajo su silla, bajo la seguridad protegida de su silla,

 

mi gato me explica

 

lo que es la vejez.

 

 

 

 

 

*****

 

 

 

 

 

Hay otra versión de mí

 

en la que no quise conocerte,

 

en la que no estoy a tu lado,

 

en la que logro no regresar contigo,

 

en la que todo está a salvo.

 

 

 

Nadie entra corriendo al corazón oscuro de la tarde

 

y lo pone en una jaula.

 

Nadie usa la voz como catapulta.

 

Nadie se lleva la palabra sexo

 

y la convierte en un bosque nevado,

 

en una olvidada carretera

 

donde un viejísimo fantasma camina

 

hacia el sueño oscuro de un lejano amanecer prometido.

 

Nadie habla del amor

 

como de dos reinos diferentes en constante contienda

 

por los sitios donde el viento corre libre.

 

La mañana no explota

 

al tocar las ventanas.

 

 

 

En esa otra versión de mí

 

los árboles azules no existen.

 

Lo que ves con los ojos

 

es lo que hay:

 

un cuerpo de una desnudez simple,

 

de una desnudez confiable.

 

 

 

En esa otra versión de mí

 

no existes. Y eso me hace tan feliz.

 

 

 

 

 

*****

 

 

 

 

 

Qué difícil puede ser,

 

le digo a mi gata que muere,

 

abrir los ojos. Quedarte.

 

 

 

Pero la vida siempre piensa diferente.

 

Y no despierta.

 

 

 

Siento una tristeza

 

que rompe el tranquilo protocolo de las cosas.

 

Y siento que podría

 

-que yo podría-

 

salvarla

 

si descubriera la palabra que Dios espera que yo diga.

 

 

 

Pero el amor nunca es suficiente.

 

Y me parece tan indefenso amar

 

que cerrar una puerta y abrir otra

 

se le parece.

 

 

 

Qué difícil puede ser

 

abrir los ojos

 

le digo a mi gata ya muerta.

 

 

 

 

 

*****

 

 

 

 

 

Un gato

 

no es una caja de zapatos vacía.

 

Y en nada se parece

 

a una caja de zapatos.

 

Pero el niño dice que esa caja

 

es un gato.

 

Y yo le creo.

 

 

 

A. E. Quintero (1969). Es licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Estudió el doctorado en Teoría de la Literatura en la Universidad Autónoma Metropolitana.

 

          Ha publicado los libros: Un tragaluz en la memoria (1991), La mesa de los portarretratos (1992), El ferrocarril murmurante (1993), Corceles de agosto (1996), Violento el mediodía (colectivo) 1998, Cuenta Regresiva (2011), 200 gramos de almendras (2013), La telenovela de las cuatro no se detendrá porque alguien logró matarse (2014), El taxista saca su pene (2014), Sentidos de permanencia (2014),  Hacia el fondo de sus manos (2017), El pequeño libro de la lluvia (2017), El muchacho que vivía en unos bóxers blancos (2017), Las sagas del silencio (2018), Porque a veces el corazón se siente como ir montado en un caballo. Poesía reunida 1996 - 2019 (2019), Miedo: el libro de los espejos (2022), Aquí podría caber todo el amor que nos tuvimos (2023) y Psiquiátrico (2023).

 

En 2011 ganó el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, con el poemario Cuenta Regresiva, publicado por Ediciones Era (2011).

 

 

 

Semblanza y fotografía proporcionadas por A. E. Quintero

 

 

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