Nuevos Snapshots de la infancia de Luis Correa-Díaz

 

Motemei

 

 

 

al atardecer, casi todos los días,

 

no recuerdo cuando no pasaba,

 

oíamos ese grito que en verdad

 

era como un canto —motemei,

 

motemei calientito, motemeee

 

eeeeeí, motemeiiiiiií calientiiito,

 

pelao el motemeeeiiiiiiiiiiiií—

 

y nos parábamos de la mesa y

 

dejando las tareas corríamos

 

a la puerta, la madre salía feliz

 

de la cocina chauchera en mano

 

y el hombre destapaba la olla

 

y medía en tazas el pedido,

 

ese aroma vapotoso todavía

 

lo tengo metido, tanto como

 

la forma preciosa de esos granos

 

que se iban derechito a una sopa

 

o a acompañar un pedazo

 

de carne al jugo con papas dorada

 

 

 

 

 

 

 

Bicicleta

 

 

 

mi primera bicicleta

 

fue azulina, pequeña

 

y usada, nuestro padre

 

nos llevó a la plaza

 

del frente, tendríamos

 

alrededor de cinco

 

y seis años, su método

 

era simple y efectivo,

 

arriba, los pies

 

en los pedales, su mano

 

en el sillín y un leve

 

empujoncito, y de ahí

 

nunca más sentí miedo

 

de lanzarme a las fauces

 

del mundo sin lecciones previas

 

 

 

 

 

Día de familia

 

 

 

con el primo Luis Marcos

 

nos emborrachamos

 

con menos de diez años

 

a puros conchos de vino

 

y cerveza y algo de fruta

 

de una sangría, mientras

 

los grandes celebraban

 

el santo del abuelo

 

y que era el día sagrado

 

de la familia, ya tres

 

generaciones llevando

 

su nombre de pila, yo

 

no la continué con ninguno,

 

de eso doy fe, pero también

 

de que jamás volví a sentir

 

una felicidad como la de aquella

 

tarde noche en su casa gigante

 

 

 

 

 

Tué tué

 

 

 

lo vi saltar desde la copa

 

alta de un árbol, de noche

 

en un bosque perdido

 

mientras los guías

 

de la colonia de ferrocarriles,

 

a las que íbamos cada año,

 

nos habían tendido

 

una trampa, nos llevaron

 

allí para hacer una caminata

 

y en vez de pan con queso

 

en sus mochilas había

 

sábanas que de pronto

 

se pusieron para asustarnos

 

como fantasmas mitológicos,

 

sin saber cómo me quedé solo

 

en la huída con el corazón

 

a todo dar, en un claro

 

de luna y no he podido recordar

 

si lloraba o no, desde arriba

 

un hombre-pájaro saltó y

 

al pararse ágil abajo

 

empezó a gritar tué tué tué

 

tué, me miró sorprendido

 

de ver a un niño allí y se fue

 

a cumplir una misión que tendría,

 

ahora he llegado a comprender

 

que no tuve miedo porque no era

 

su presa y quizás sea de los pocos

 

recuerdos que me parecen reales

 

y el único cruce de miradas

 

del que estoy seguro que ocurrió

 

 

 

 

 

Cuentos de horror

 

 

 

también tuve mi etapa

 

pre y adolescente

 

en la que me entregué

 

al placer de lo macabro,

 

leí —y conservo

 

un ejemplar en alguna

 

parte— El monje loco y

 

escuché casi todos

 

los episodios de El Doctor

 

Mortis, acostado

 

de espaldas en oscuridad

 

perfecta, de ambos

 

recuerdo más que otra

 

cosa esas carcajadas

 

estentóreas al final

 

con las que remataban

 

sus historias de miedo

 

y que a mí con magia

 

inversa me curaron

 

de espanto para siempre

 

 

 

 

 

Frenillos

 

 

 

anoche escuché dormido casi

 

en la radio, como de costumbre,

 

un minuto en la historia, lloré

 

porque me trajo un recuerdo

 

olvidado, hablaban de un Luis

 

Ciocca, aquel dentista amigo

 

de mi mamá que me puso

 

los primeros frenillos de mi vida,

 

tecnología dolorosa de los 70,

 

pero que tanto me corrigieron

 

el desorden de la sonrisa, y

 

no que me entero que luego

 

fue héroe, tuvo a su cargo,

 

a falta de mejores armas

 

de humano amor en esa época,

 

identificar a través de la huella

 

dental a los pocos detenidos

 

desaparecidos que salían

 

a la superficie vergonzante

 

del suelo patrio, y pienso y

 

me digo, paladín mi doctor,

 

que viva la odontología forense

 

 

 

 

 

La feria

 

 

 

ella pasaba con su marido

 

y a veces con alguno

 

de sus hijos, que eran un poco

 

menores que yo, iban a la feria

 

de la otra cuadra, temprano

 

me paraba en la puerta

 

los sábados y la miraba pasar

 

con estos mismos ojos

 

que la recuerdan morena

 

y de unas facciones egipcias 

 

que nunca más encontré,

 

ahí seguía cuando regresaban

 

a casa cargados de frutas

 

y verduras, sabíase mi amor

 

platónico y yo, por su gesto

 

risueño sin sombra de culpa,

 

raramente correspondido

 

 

 

 

 

La señorita

 

 

 

Rita Echeverría había conocido

 

a Gabriela Mistral y se quedó

 

oronda con sus manos en yeso

 

hasta que las donó a un museo

 

—dónde andarán ahora: tarea

 

para la casa—, fue mi profesora

 

de quinto básico en la CEPAC

 

en Conchalí, al otro lado

 

de la ciudad para nosotros,

 

recitaba un poema al comienzo

 

de cada clase y hablaba lindo

 

de los secretos de las palabras

 

en el tiempo, de ahí, creo, saqué

 

el gusto por las etimologías…, y,

 

según confiesa mi octogenaria

 

madre, ella le dijo, sin ningún 

 

ánimo de adularla, que yo sería

 

poeta, y si venía de esa mujer

 

docta, agrega, con la sonrisa 

 

llena de lo cumplido, no se podía

 

poner en duda el tal vaticinio 

 

 

 

 

 

Cantante de ópera

 

 

 

fui cantante de ópera de 3

 

a 6pm los domingos, precoz

 

—aprendería con el tiempo

 

que no todos los precoces

 

son superdotados—, boca

 

arriba en la cama, radiocasete 

 

y grabándola por si acaso

 

un buen día…, soñaba

 

que de mi pecho escualido

 

salían esas arias, sufrientes

 

unas, aguerridas otras, nunca,

 

sin embargo, llegué a escuchar

 

ninguna cósmica que luego

 

entendí habrían sido las mías

 

de divo, a falta de esa alta 

 

música y de un libreto acorde

 

los de entonces tuvimos 

 

que conformarnos con el cine

 

y con películas de temprano 

 

culto para saltar a los amores

 

y a las guerras de siempre

 

pero ya en escenarios galácticos

 

 

 

 

 

Los hermanos Macana

 

 

 

a la vuelta de la esquina

 

vivían los amigos

 

y nos la pasábamos allí

 

hasta las tantas, en la calle

 

Fucsias se nos fue riendo

 

la infancia, éramos los hermanos

 

Macanas, él el chico y yo

 

el grande, según

 

nos apodaron los cabros,

 

y lo seguimos siendo

 

a mucha honra en la loca

 

carrera de la vida, partieron

 

unos más temprano

 

que otros a otras latitudes

 

próximas o lejanas, pocos

 

se quedaron, y que se sepa

 

ninguno ha muerto todavía

 

Luis Correa-Díaz.

Miembro correspondiente de la Academia Chilena de la Lengua, poeta y profesor de Digital Humanities y Human Rights en la University of Georgia-USA. Autor de varios libros y artículos críticos. Ultimamente destacan: a) el e-book colectivo Poesía y poéticas digitales/electrónicas/tecnos/New-Media en América Latina: Definiciones y exploraciones (2016), b) La futuridad absoluta de Vicente Huidobro (2018), c) Novissima verba: huellas digitales/cibernéticas en la poesía latinoamericana (2019). Sus poemarios son: Americana-lcd (2021), metaverse (2021), Haikus nada más (2021), Los Haikus de Gus (2021 y 2020), Maestranza de San Eugenio… (2020), Diario de un poeta recién divorciado (2020 y 2005), … del amor hermoso (2019), impresos en 3D (2018), clickable poem@s (2016), Cosmological Me (2010 y 2017), Mester de soltería (2008 y 2006). Miembro del comité editorial de diversas revistas profesionales europeas, latinoamericanas y estadounidenses. Profesor visitante en: State University of New York –Albany; Instituto Iberoamericano-Berlín; Pontificia Universidad Católica de Chile; University of Liverpool; Pontificia Universidad Católica de Bolivia; Universidad de Playa Ancha, Valparaíso, Chile. 

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Comentarios: 2
  • #1

    AMADEO GRAVINO (miércoles, 17 noviembre 2021 14:41)

    QUERIDO POETA Y AMIGO, LEÌ CON ENORME GUSTO ESTOS POEMAS QUE RESEÑAN CIERTOS MOMENTOS Y SITUACIONES DE TU INFANCIA: TE COMENTO QUE ME ENCANTARON!!! YO CREO QUE EN ESOS PRIMEROS AÑOS Y SUS PERIPECIAS FORMAMOS LA MANERA PERSONAL DE VER LA VIDA, EL MUNDO, ETC,..... EN NUESTRA INFANCIA, CREO, DEFINIMOS EL ESTILO QUE ARRASTRAREMOS POR EL MUNDO TODA LA VIDA POSTERIOR... TE FELICITO POR ESTOS POEMAS TAN SENCILLOS, TAN DIRECTOS, TAN SENTIDOS!!!

  • #2

    Kirsten Nigro (miércoles, 17 noviembre 2021 16:33)

    Bellos poemas. En particular, Frenos.