La primera noche en el guetto, poesía de Abraham Sutzkever

 

“La primera noche en el gueto es la primera noche en el sepulcro,

 

después uno se acostumbra”, así es como consuela mi vecino

 

a los verdes cuerpos entumecidos tendidos en el suelo.

 

¿Podrán naufragar barcos en tierra?

 

Yo siento que bajo mis pies naufragan barcos y sólo el velamen

 

se arrastra por encima, deshilachado y pisoteado,

 

sobre los verdes cuerpos entumecidos, tendidos por el suelo.

 

 

 

Llega hasta el cuello…

 

Sobre mi cabeza pende una larga canaleta

 

cosida con hilos estivales a una ruina. nadie

 

habita sus cuartos. solo aullantes ladrillos

 

arrancados, con trozos de carne, de sus muros.

 

En otros tiempos, una lluvia solía desgranar su música en la canaleta,

 

leve, blanda, bendiciendo. Madres solían colocar baldes debajo

 

a recoger la dulce leche de las nubes

 

para lavar el pelo de sus hijas y que las trenzas felizmente brillen.

 

Ahora las madres ya no están; las hijas tampoco, ni la lluvia,

 

sólo ladrillos en una ruina; ladrillos aullantes

 

arrancados con trozos de carne de los muros.

 

 

 

Es noche. Un negro veneno gotea. Soy un rescoldo

 

traicionado por la última chispa y abismalmente apagado.

 

Solo la ruina es mi hermana. Y el viento húmedo

 

que sin aliento cayó sobre mi boca, con suave piedad

 

va con mi alma, que se separa del trapo de la osamenta

 

como se separa la mariposa del gusano. Y la canaleta

 

cuelga todavía sobre mi cabeza en el espacio

 

y fluye por ella el negro veneno, gota a gota.

 

 

 

Y de pronto, cada gota se vuelve un ojo. Estoy completamente

 

empapado de ojos luminosos. Una red de luz recogiendo luz.

 

Y encima de mí, la canaleta cosida a la ruina con hilos de araña,

 

un telescopio. Penetro a nado por su tubo y las miradas

 

se unen luminosas. Allí están, como ayer,

 

las familiares estrellas vivientes de mi ciudad.

 

Y entre ellas, también aquella estrella tras—sabática

 

a la que labios de madre elevaban una bendición: feliz semana.

 

 

 

Y comienzo a sentirme mejor.

 

No existen quien pueda enturbiarlo, destruirlo,

 

y yo debo vivir, porque vive la buena estrella de mi madre.

 

 

 

1941/1971

 

 

 

 

 

Ejecución

 

 

 

Cavo una fosa como se debe y ordenan

 

y busco consuelo en la tierra entretanto.

 

Un golpe de azada y aparece debajo

 

Debatiéndose, patético, un pequeño gusano.

 

Mi azada lo corta y sobreviene un milagro:

 

El gusano partido se hace dos, se hace cuatro.

 

Otro corte de nuevo y ya son cinco gusanos;

 

¿Y todos estos seres creados por mi mano?

 

Vuelve el sol y entonces mi ánimo sombrío

 

Y la esperanza fortalece mi brazo:

 

Si un gusanito no se rinde a la azada,

 

¿Es que eres, acaso, menos que un gusano?

 

 

 

Guetto de Vilna, 1942

 

 

 

 

 

 

 

Las planchas de plomo de la imprenta de Rom

 

 

 

Como dedos que se estiran por entre barrotes

 

para atrapar el aire luminoso de la libertad,

 

nos deslizamos en la noche para cargar

 

las planchas de plomo de la imprenta de Rom.

 

Nosotros, los soñadores, debemos volvernos soldados

 

y fundir en proyectiles el espíritu de plomo.

 

 

 

Y abrimos de nuevo el cerrojo

 

de ese eterno refugio hogareño.

 

Blindados por las sombras, bajo el resplandor de una lámpara,

 

fundimos las letras línea a línea,

 

como los abuelos, hace siglos, en el templo

 

echaban aceite en los candelabros.

 

 

 

El plomo refulge al hacerse bala;

 

pensamientos fundidos letra a letra

 

—una línea de Babilonia, una de Varsovia—

 

hierven, corren a adoptar la misma forma.

 

oculto en las palabras, el heroísmo judío,

 

debe conmover con su estallido al mundo ahora.

 

 

 

Y quien haya visto las armas en el gueto

 

aferradas por heroicas manos judías,

 

vio debatirse Jerusalém,

 

caer sus muros graníticos;

 

entendió las palabras fundidas en los proyectiles

 

y en el corazón, reconoció su voz.

 

 

 

Guetto de Vilna, 1943

 

t

 

 

 

Descalzo

 

 

 

Nos descalzamos

 

en medio de la ardiente ciudad.

 

Y realmente parecíamos

 

recién nacidos a merced del desparpajo.

 

 

 

Si con idéntica rapidez fuese posible

 

descalzar también por un instante

 

a los pensamientos de sus pesadas botas,

 

que fácil seria salvar mil millas

 

de un salto descalzo

 

y caer en la propia infancia.

 

 

 

 

 

Y será al final de los días…

 

 

 

Y será al final de los días;

 

sucederá entonces: El hijo del hombre

 

no llevara más hasta su boca hambrienta

 

pan, ni carne vacuna, ni higo, ni miel;

 

probará apenas una palabra o dos

 

y quedará saciado.

 

  

 

 

 

Traducción de Eliahu Toker

 

 

 

 

 

Estos poemas fueron tomados del libro El resplandor de la palabra judía, (Antología idish del siglo XX), publicado por Ediciones Arte y Papel, 1996, Buenos Aires Argentina.

 

 

Avrom Sútzkever (Abraham Sutzkever), nacido en 1913 en Smorgón, aldea lituana cerca de Vilna. Luego de desarrollar la primer parte de su importante obra poética como integrante del grupo artístico— literario Iung—Vilne (Joven Vilna), paso la guerra en el gueto y como partisano en los bosques, para radicarse en 1947 en Tel Aviv, Israel. Allí comienza a editar, con el auspicio de la Histadrut, CGT Israelí, la principal revista literaria ídish de la actualidad, Di Goldene Keit, de renombre mundial. Su obra poética, que constituye el mas vivido testimonio lírico del ultimo medio siglo de historia judía, se expresa mediante imágenes de una belleza deslumbrante y en un ídish repleto de hallazgos. Traducida a muchos idiomas, la producción poética y en prosa se Sútzkever abarca mas de dos docenas de volúmenes y su bibliografía ocupa un gran tomo aparecido hace años en Tel Aviv, ciudad donde vive el poeta. Falleció en el 2010.

 

 

 

Semblanza tomada del libro libro El resplandor de la palabra judía, (Antología idish del siglo XX).

 

Fotografía tomada de la página The World Holocaust Remembrance Center.

 

 

 

 

Eliahu Toker nació en el seno de una familia judía del barrio del Once, en donde se hablaba ídish. En 1954 se recibe de docente hebreo en el Seminario de Maestros Hebreos y en 1962 obtiene el título de arquitecto en la Universidad de Buenos Aires, profesión que ejerce hasta 1982, cuando la abandona para dedicarse totalmente a la literatura.

 

 

 

Toker tradujo una gran cantidad de obras escritas en ídish al castellano de muy diversos autores, Jacob Glatstein, Jizchak Katzenelson, Halpern Leivik y Abraham Sutzkever, entre otros.

 

 

 

Toker es autor de recopilaciones de textos de Alberto Gerchunoff, César Tiempo y Carlos Grünberg.

 

 

 

Toker participó de dos documentales como entrevistado: Un pogrom en Buenos Aires (2007), en dónde se relata el pogrom que se sucedió dentro de los sucesos de la Semana Trágica de 1919, y Jevel Katz y sus paisanos (2005), donde se relata la vida y obra del comediante Jevel Katz. Autodefinido como simpatizante de izquierdas.

 

 

 

 

 

 

 

Semblanza tomada de Wikipedia.

 

Fotografía tomada de la página The international Raoul Wallemberg Foundation.  

 

 

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