Dos ensayos sobre Jorge Luis Borges

1. En el nombre de Borges

 

 

 

Si como dijo Nietzsche, toda actividad humana está complicada con el milagro, el arte podría construirse en el principal paradigma de tal aseveración y, en este aspecto, la figura de Borges merece un capítulo aparte.

 

Tildado casi hasta el ocaso de su existencia de “escritor elitista”, acusado de no representar una literatura argentina, sino europeizante; combatido, por estas razones, por la intelligentzia de distinto signo ideológico, pero sustentada en una misma raigambre popular, manoseado, en los últimos años de su vida, en reportajes periodísticos, las más de las veces, no sólo triviales, sino mal intencionados, dedicados al escándalo y hasta ridiculizar al interlocutor ante la opinión pública, hoy, y a dos años de su muerte, el burlado no es sino el Gran Burlador

 

Porque ha llegado el punto más excelso que una persona puede alcanzar en su país: la categoría de mito.

 

Así, al hablar de Borges, tenemos que referirnos al fenómeno Borges, que va mucho más allá de la singularidad de su literatura, y que reviste características de índole sociológica, en el ámbito de Argentina.

 

Ese “personaje” extraliterario, convivió con el escritor durante algo más de una década. Y conoció –me parece- la mayor popularidad que haya conocido un autor nacional. Vaya ironía. Fue él… y fue el Otro.

 

Uno, dictando páginas que han sido, son y serán siempre leídas por minorías.

 

El otro, ciego, anciano, apoyado en un bastón, tartamudeando frases entrecortadas y apenas audibles, han sido, es y será por multitudes. El primero será eterno.

 

El otro durará lo que dure nuestra memoria, lo que duremos nosotros.

 

Ambos fueron, hasta el último suspiro e3n Ginebra, motivo de polémica.

 

Durante la primera presidencia de Perón, Borges fue “trasladado” de su cargo de empleado de la Biblioteca Municipal Miguel Cané y se le nombró inspector de ferias, hecho que provocó la instantánea y buscada renuncia.

 

Discutido por sus opiniones sobre temas que tocaban, supuestamente, a la nacionalidad (el tango, el gaucho, el fútbol, Gardel); ajeno por tradición familiar, formación y convicción a lo popular –a pesar de él- el más sarcástico de los designios: convertirse, justamente, en una figura popular.

 

Tan popular, que supo reírse del personaje que Sapag caricaturizara en un medio tan masivo como la televisión.

 

Tan popular, que desde hace poco y en el mismo medio, una película comercial, en un ambiente tanguero, vende –invocando, entre otros, el nombre de Borges- una marca de licor.

 

Tan popular, que oí a más de un comedor deportivo, describir ciertos barrios aledaños a las canchas de fútbol, antes del comienzo de los partidos, mencionando los arrabales de los cuentos de Borges.

 

Tan popular, que difícilmente, haya un programa de música ciudadana, donde no se cante una de sus milongas.

 

Tan, pero tan popular, que es casi imposible leer hoy un artículo sobre cualquier cuestión (desde lo gastronómico hasta lo económico, desde lo turístico hasta lo turfístico, desde lo mítico hasta lo místico) que cite alguna de sus frases.

 

Y es que su cosmovisión ha trascendido lo literario.

 

Borges se ha transformado en sinónimo de determinadas atmósferas, de determinadas paradojas y metáforas acerca del tiempo, del espacio, de la identidad.

 

El termino borgeano es hoy una moneda corriente, utilizado por muchos que, seguramente, ni lo leyeron, como sucede con los calificativos dantesco o kafkiano, raras veces en boca de los lectores apasionados de Dante y Kafka.

 

En cuanto a la repercusión literaria de Borges, ¿qué puedo yo agregar que no se sepa?

 

Un simple hecho anecdótico: gracias a Sara del Carril estoy leyendo, en estos días, El libro de arena, en rumano, uno de los 33 idiomas a los cuales ha sido traducida su obra.

 

Permanentemente, aparecen aquí y en el mundo entero, nuevos libros de entrevistas, testimonios, compendios de citas, sin contar la constante inclusión de sus textos en antologías que se van editando en los cinco continentes. Y, excluidos los trabajos de interpretación literaria, que se multiplican en todas partes.

 

Es interesante destacar cómo la obra de Borges ha atrapado también la atención de estudiosos de otras disciplinas. A título de ejemplo, puedo recordar que en estos dos años que se cumplieron de su muerte, aparecieron en la Argentina, varios ensayos sobre Borges, desde perspectivas extraliterarias. Estoy pensando en el libro de A. Palacios y J.M. Ferrero (Las matemáticas), en el de J. Woscoboinik (La indagación psicoanalítica), en el estudio de G.L. Porrini (Lo filosófico).

 

Seguramente la lista es incompleta.

 

De todos modos, estos ejemplos hablan de una presencia que no cesa y cuya tendencia pareciera ser ascendente, tanto en nuestro país, como en el extranjero.

 

La Fundación Internacional Jorge Luis Borges, que se está organizando en estos meses, dará un mayor impulso a su pervivencia.

 

En Argentina, el mito ya existe.

 

El aparente antihéroe, que era la figura de Borges en vida, el héroe indiscutido de nuestra historieta –o historia- cotidiana.

 

En su nombre se afirma, se niega, se ironiza.

 

En su nombre, se canta, se baila, se pinta y se escribe.

 

En su nombre, la Argentina encuentra puntos de referencia propios.

 

 

 

DIARIO LA NACION,

 

Buenos Aires, 10 de Diciembre de 1988

 

 

 

 

 

2. Borges y las muñecas rusas

 

 

 

Dice la leyenda que en el siglo XlX un poderoso señor ruso llamado Alexei Manotov hizo llevar a Moscú una figura de porcelana, proveniente de la isla de la isla de Honshú, Japón, para regalársela a su amada.

 

La figura que representaba a un monje budista, se abría y adentro había otra figura idéntica, más pequeña.

 

Tanto gustó esa pieza, que Manotov se la mostró a un artesano ruso y éste, inspirado por la porcelana japonesa, talló en madera de tilo la figura de una aldeana rusa, más ocho figuras idénticas, cada vez más pequeñas, que cabían una dentro de la otra, al abrirse todas por la mitad.

 

Estamos hablando del artesano Vasili Zvezdochkin y de lo que luego serían mundialmente conocidas como las “Matrioshkas”, las muñecas rusas. Ellas representan una suerte de maternidad folklórica rusa, donde estas mujeres-caja, vestidas con el famoso “sarafan” están pintadas con brillantes colores y adornadas con flores, pájaros y estrellas. Cada “matrioshka” es original e irrepetible. Ellas circulan hoy por el planeta, talladas en madera de tilo o abedul, con sus diseños aggiornados, llevando siempre esa singularidad de forma y contenido, esos múltiples “secretos” que albergan.

 

¿Por qué hablamos de la matrioshka? Porque al cumplirse 60 años de la aparición del célebre libro Ficciones, se nos hace imperioso asociar la obra de Borges en general, y esas historias en particular, en su construcción literaria, a estas muñecas que se abren a otras muñecas, como los cuentos que contienen otros cuentos, como los poemas que contienen otros poemas.

 

Así están estructuradas muchas, muchísimas piezas literarias de Borges. Son cuentos de otros cuentos, que a su vez se derivan en otros, voces que se multiplican a medida que uno se adentra en el texto.

 

En Borges es muy frecuente la alusión de un narrador a otras narraciones, de un nombre a otros nombres, de una acción a otra acción. Secretamente se va abriendo un texto, como una “Matrioshka”. Secretamente vamos entrando en el interior y allí se generan cada vez más implicancias, más espejos, más laberintos, más sueños, más desdoblamientos, más juegos con el infinito, uno dentro del otro, hasta llegar a la síntesis, a la muñeca más pequeña, tan pequeña que quizás ya sea invisible: nuestra esencia.

 

El pensamiento de Borges es un pensamiento metafísico.

 

La Metafísica fue definida por primera vez por Andrónico de Rodas. Y la conocemos fundamentalmente por Aristóteles, que la consideró “la ciencia primera” y le dedicó un libro, donde dividió a la Metafísica en tres partes: la Ontología que estudia el ser, la Teología que estudia a Dios y la Gnoseología que estudia el conocimiento.

 

Sabemos, entonces, que la Metafísica es esa parte de la Filosofía que se ocupa del ser. Que estudia el ser como tal, sus causas, sus principios, que contempla sus propiedades.

 

Se denomina “meta-física”, porque va más allá de lo que puede percibirse con nuestros cinco sentidos. Se ocupa de lo que está más allá de lo que experimentamos en los planos sólido, líquido y gaseoso que conforman el mundo físico. La Metafísica, según Santo Tomás contempla las causas primeras.

 

Para Kant ella es el estudio del Todo y, se confunde con la Ontología.

 

La Metafísica es el fundamento de prácticamente todas las filosofías, de todas las religiones y de todas las corrientes de pensamiento.

 

En gran parte de los planteos de Borges, para no decir en casi todos, aparece el interrogante metafísico, acorde a su agnosticismo. Son preguntas, perplejidades, que aceptan el ingrediente mágico, considerándolo real, pero incognoscible por parte del ser humano y de las limitaciones de su mente.

 

Por eso, Borges es tan complejo.

 

Porque, como decía Vladimir Nabokov, “ningún escritor de talla es sencillo”.

 

Vemos entonces que igual que en las muñecas rusas, Borges abre y se abre al misterio, más y más y cada vez se encuentra con más misterio, que a su vez engendra otro misterio. Pero al introducirse más y más en el enigma, se dirige al núcleo de la existencia, hacia la semilla, que es el ser en sí.

 

Cuenta Borges en “El jardín de los senderos que se bifurcan” del libro Ficciones: “T sui Pen creía en infinitas series de tiempos, en una red creciente y vertiginosa de tiempo divergentes, convergentes y paralelos. Esa trama de tiempos que se aproximan, se bifurcan, se cortan o que secularmente se ignoran, abarca todas las posibilidades. no existimos en la mayoría de esos tiempos; -sigue Borges- en algunos, existe usted y no yo, no usted; en otros, los dos. En éste, que favorable azar me depara, usted ha llegado a mi casa; en otro, usted, al atravesar el jardín, me ha encontrado muerto; en otro, yo digo estas mismas palabras, pero soy un error, un fantasma”.

 

Esta es la red creciente o decreciente de las Matrioshkas, según se les vaya abriendo o cerrando, según se les haga aparecer o desaparecer una dentro de la otra.

 

Y vamos a concluir este paralelo entre mecanismo ficcional borgeano y la subdivisión o progresión de las muñecas rusas, con la estrofa primera y la última de ese poema tan conocido, y sumamente paradigmático de Borges en este sentido, que se llama “Ajedrez”, y dice:

 

En su grave rincón, los jugadores

 

rigen las lentas piezas. El tablero

 

los demora hasta el alba en su severo

 

ámbito en que se odian dos colores.

 

 

 

(…)

 

 

 

También el jugador es prisionero

 

(la sentencia es de Omar) de otro tablero

 

de negras noches y de blancos días.

 

 

 

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza

 

     ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza

 

de polvo y tiempo y sueño y agonías?      

 

 

 

En la idea de Borges, como en el juego de las muñecas rusas, siempre hay algo detrás, algo o alguien detrás de la pieza de ajedrez, de la mano del jugador, del jugador de Dios mismo.

 

Ese es el misterio, la pregunta que Borges formula en este poema y en prácticamente toda su obra. Y este es el ingrediente mayúsculo, el que quizás todos nos formulemos. Y que se llama Metafísica.

 

 

 

Diario LA NACION

 

Buenos Aires, 17 de septiembre de 2004

 

 

 

Textos extraídos de Alina Diaconú, Gritos y Susurros 20 años de Argentinidad, Moglia Ediciones, Buenos Aires 2017.

 

 

 

Alina Diaconú nació en Bucarest, Rumania. En 1959 llegó con sus padres a Buenos Aires, estableciéndose allí y tomando la ciudadanía argentina. Escritora de ficción, colabora también con el periodismo, como columnista. Escribió sus columnas en la Página de Opinión del diario “Clarín”, en “La Nación”, en La Nación On Line, en el diario “Perfil” de Buenos Aires, en publicaciones culturales y actualmente colabora con el Suplemento Literario de “La Gaceta” de Tucumán.

 

 

 

Es autora de nueve novelas (La Señora, Buenas noches, profesor, Enamorada del muro, Cama de Angeles, Los ojos azules, Los devorados, El penúltimo viaje, Una mujer secreta, Avatar (todas editadas en la Argentina), un libro de cuentos, uno de entrevistas a escritores (Ionesco, Borges, Girri, Sarduy y Cioran) y Calidoscopio, que aúna reflexiones sobre temas cotidianos. Sus libros de poesía son: Intimidades del Ser (2005) ,Poemas del Silencio (2007)   Aleteos (2015) ilustrado por Guillermo Roux  y el reciente Rosas del desierto ( Ed. Vinciguerra, 2019).

 

 

 

Fue traducida al inglés, al francés y al rumano. Un amplio reportaje a Borges que data de 1978 fue publicado en Francia por Editions du Capucin, 2002(Alina Diaconú- Entretien avec Jorge Luis Borges). Este año se publicó en Bucarest, Rumania, su libro sobre el filósofo E.M. Cioran, titulado Querido Cioran- Crónica de una amistad.

 

 

 

Recibió numerosos premios nacionales e internacionales, entre ellos la Faja de Honor de la SADE, el Meridiano de Plata y la Beca Fulbright. En el 2009 y en el 2012 el gobierno rumano le otorgó la Medalla y el Diploma a la Excelencia por difundir la cultura rumana y la imagen de Rumania fuera de sus fronteras. En el 2015 le fue otorgado el II ºPremio Municipal (correspondiente al bienio 2009-11) por su novela “Avatar” (publicada por Ediciones B) y recientemente fue declarada “Personalidad destacada de la Cultura”, recibiendo esa distinción (por la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires). En 2018 también le fue entregada la distinción internacional PRIX ASOLAPO ITALIA 2018-2019. Este año, en Mayo 2019, recibió en Bucarest la Distinción al Mérito del Ministerio de los Rumanos del Exterior y el Premio por la totalidad de su obra de la Unión de Escritores de Rumania.

 

 

Sus otros libros son: Ensayo General (2009), editado por la Fundación Internacional Jorge Luis Borges de Buenos Aires y una biografía de Buda (2014) Ed. Aguilar, Buenos Aires. Su primer libro de aforismos, titulado Relámpagos – Máximas y Mínimas (Galáctica Ediciones, Buenos Aires) apareció en el 2016 y en el 2017 salió una selección de sus columnas periodísticas en los principales diarios y revistas del país, bajo el título GRITOS Y SUSURROS- 30 años de argentinidad (Moglia Ediciones).

Semblanza fotografías proporcionadas por la autora.

 

 

 

 

Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo, mejor conocido como Jorge Luis Borges nació el 24 de agosto de 1899 en Buenos Aires y murió el 14 de junio de 1986 en Ginebra. Fue un escritor argentino que transitó por la poesía, el ensayo y el cuento, siendo este el género donde sería más prolífico y alcanzaría la gloría universal. Es reconocido como uno de los escritores más importantes del siglo XX.

 

 Hijo del abogado argentino con ascendencia portuguesa, Jorge Guillermo Borges, y la traductora uruguaya Leonor Acevedo Suárez, Jorge Luis Borges nació en una casa con una gran biblioteca y donde se hablaba español e inglés, por lo que rápidamente se hizo bilingüe y lector ávido. Más allá de los libros, la primera educación que recibió fue en 1905 por parte de una institutriz inglesa. Con tan solo nueve años, ya había redactado un ensayo sobre la mitología griega, escrito un cuento titulado La visera fatal y traducido El príncipe feliz del irlandés Óscar Wilde. Para esa misma fecha, Borges fue inscrito en una escuela de su barrio de Palermo, donde fue atormentado por sus compañeros debido a sus conocimientos y su timidez.

 

Ya para 1914, su padre abandonaría el curso que dictaba sobre psicología debido a una ceguera incipiente. Para recibir tratamiento viajó a Europa con su familia, pasando primero por Ginebra mientras culminaba la Gran Guerra, luego por Barcelona y terminando en Palma. En Sevilla y en Madrid, Borges se contagiaría del movimiento ultraísta, que llevaría años más tarde a Argentina tras volver a Buenos Aires en 1921. Aquí se relacionaría con Macedonio Fernández y Leopoldo Lugones, dos de los intelectuales más importantes de la época. En 1923, Jorge Luis Borges publicaría su primer libro, la antología poética Fervor de Buenos Aires, que circularía entre su círculo social más íntimo. Luego publicaría dos poemarios más en 1925 y 1929, y colaboraría en la revista Sur junto a Victoria Ocampo y Adolfo Bioy Casares, donde publicaría varios relatos propios y traduciría algunos de otros. Para 1935 publicaría su primer libro de cuentos, Historia Universal de la infamia, y al año siguiente Historia de la eternidad, una compilación de ensayos. En los años posteriores, los días de Borges serían tristes debido al fallecimiento de su querida abuela Fanny y de su padre Jorge Borges, tras una tortuosa agonía.

 

En 1938, Jorge Luis Borges conseguiría un cargo en la biblioteca municipal Miguel Cané, y luego de tres años de profunda lectura y colaboraciones con Bioy Casares, publicaría El jardín de senderos que se bifurcan, con el cual ganaría el Premio Nacional de Literatura. En los años posteriores seguiría colaborando con Bioy en textos policiales, como lo escrito bajo el seudónimo H. Bustos Domecq, y la antología de Los mejores cuentos policiales. En 1944 ganaría con su libro Ficciones el Gran Premio de Honor concedido por la Sociedad Argentina de Escritores. En 1946, Borges se haría un eterno detractor del peronismo cuando este subió al poder.

 

Para 1949, Jorge Luis Borges publicaría otro de sus grandes títulos, El Aleph, y al año siguiente sería nombrado presidente de la Sociedad Argentina de Escritores. Luego dictaría clases en la Universidad de la República de Uruguay y en la Universidad de Buenos Aires. Asimismo, sería director de la Biblioteca Nacional, tras la caída de Perón, y miembro de la Academia Argentina de Letras, mientras iba quedándose ciego lentamente igual que su padre. Después de que sus obras fundamentales fueran traducidas al inglés, el italiano, el francés y el alemán, Borges compartiría el Premio Internacional de Literatura con Samuel Beckett. Gracias a este galardón, su obra fue traducida a al menos nueve idiomas más.

 

Al año siguiente dictaría una serie de conferencias en la Universidad de Texas. Para 1967 se casaría con Elsa Astete Millán, cuando ya tenía 68 años. En un primer momento, los dos vivieron con su madre y luego solos, hasta 1970, cuando se divorciaron luego de no haberse comprendido nunca. Por estas fechas, Borges dictó conferencias en la Universidad de Harvard a propósito de la poesía y publicó El informe de Brodie. En 1973, luego de varias distinciones en Estados Unidos, fue nombrado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos aires. Ese mismo año se jubiló como director de la biblioteca. Dos años después, moriría su madre, Leonor Acevedo, con 99 años. Entonces Borges se dedicaría a viajar alrededor del mundo con una antigua estudiante suya, María Kodama, quien primero fungió de secretaria de este y luego como esposa. La Real Academia de la Lengua Española le otorgó el Premio Cervantes en 1980, junto al poeta Gerardo Diego. En los años siguientes recibiría el premio Ollin Yolitzi, la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio y el Premio Konex. En 1986, sabiendo que tenía Cáncer, Borges se retiró a Ginebra para morir en tranquilidad. En junio de este mismo año, Jorge Luis Borges moriría a sus 86 años debido a un enfisema pulmonar y a un cáncer hepático, dejando sus derechos de autor a María Kodama. Siendo candidato durante más de treinta años, se cree que la Academia Sueca no le otorgó el Premio Nobel de Literatura debido a su posición política, que lo llevó a relacionarse con Augusto Pinochet. Pese a ello, es reconocido como uno de los autores fundamentales del siglo pasado, sin el cual la Literatura no sería la que hoy conocemos.

 

 

 

 

 

Semblanza tomada de la página Historia-Biografía.com

Fotografía tomada de Wikipedia

 

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