Poemas de María Macaya Martén

 Sin título

A Ricardo Plata

 

 

 

El silencio se pasea desnudo por el cuarto.

 

Trato de escribir, pero te pienso.

 

 

 

De un cúmulo de anhelos

 

se va formando el poema.

 

Tus rosas cabizbajas

 

no se mueven

 

el agua está turbia.

 

 

 

Los libros de poesía

 

abiertos en el sofá

 

esperan verte a los ojos.

 

 

 

Hay demasiadas sillas vacías

 

pero hoy no me importa

 

el desorden de las cosas.

 

 

 

El trance de la nevera

 

comienza a sonar como tu voz.

 

Las ventanas permanecen cerradas,

 

aquí no cabe el viento.

 

 

 

Crepitas en el iris 

 

caminas por mis vertebras.

 

Tus dedos rozan mis labios

 

tu respiración pausa en el cuello.

 

 

 

Mis piernas se abren,

 

solo un poco,

 

a ver si logran acortar

 

la distancia.

 

 

 

Saco la lengua y su pistilo te llama.

 

 

 

Mis pechos buscan tus manos,

 

replican su textura

 

en su relieve de ciruelas.

 

 

 

Las flores palpitan

 

te estamos esperando.

 

 

 

Hasta que suena el teléfono

 

y la tarde se quiebra.

 

poema inédito

 

 

 

Existir duele

 

 

 

Soy una ciudad abandonada

 

con su relieve infinito de edificios,

 

calles como venas,

 

puentes, tiendas y tragedias.

 

 

 

Hay alcantarillas, charcos, caños sucios.

 

Hay acantilados grises,

 

callejones solitarios,

 

una cobija tirada en la esquina.

 

 

 

Hay muchas casas vacías en fila,

 

puertas negras cerradas con cerrojo,

 

ventanas que quedaron entreabiertas.

 

El viento silva a lo largo de las caderas.

 

 

 

Hay escaleras decadentes,

 

el vaho apestoso de la urbe

 

subterránea.

 

Hay un metro que no

 

funciona,

 

hay andenes desiertos,

 

una bolsa plástica.

 

 

 

Hay bulevares tan amplios que arden

 

incrustados en medio del pecho.

 

Hay árboles que no crecen.

 

 

 

En la intersección

 

la luz del semáforo

 

todavía cambia de

 

color,

 

verde

 

amarillo

 

rojo

 

verde

 

amarillo

 

 

 

 

Hay autopistas oscuras

 

tan anchas como mis piernas.

 

Hay caseríos y tugurios,

 

miles en el fondo de la lengua.

 

Hay mansiones anticuadas

 

con vitrales quebrados

 

en los ojos.

 

 

 

Hay techos y chimeneas,

 

muros manchados por el humo.

 

La noche no espera.

 

 

 

La neblina llega sigilosa

 

como de costumbre.

 

Entra a los templos,

 

cubre estos

 

huecos de concreto.

 

 

 

Desciende y se expande

 

como la marea.

 

 

 

En la torre más alta,

 

en la última alcoba

 

del piso cincuenta;

 

se nota apenas

 

un bombillo

 

incandescente.

 

 

 

Alguien trabaja

 

en vano,

 

tratando de habitar

 

la ciudad

 

 

 

inhabitada.

 

 

 

Viento inmóvil (Editorial Universidad de Costa Rica, 2020)

 

 

 

 

 

Dedos

 

 

 

Soy amarga prisionera de mí misma;

 

con dedos tiesos y fanáticos

 

aferrados a los barrotes

 

de ideas herrumbradas,

 

que quedaron ahí

 

establecidas

 

como involuntarios reflejos

 

de un cuerpo atropellado,

 

el meñique que pulsa todavía.

 

 

 

Solo puedo ser muñeco de trapo

 

trastornado y torpe,

 

sentado en el centro de mi celda.

 

Incapaz de poner los pies sobre el zacate,

 

ver el mundo más allá de mi cabeza

 

y sus menudencias tontas.

 

 

 

Sumida en la penumbra

 

de desorbitados ojos pobres,

 

escucho a un cardenal rojo,

 

canto nítido desde el cielo abierto.

 

 

 

O por lo menos eso me imagino.

 

 

 

Rebanada de realidad me entra como un rayo.

 

Es el viento entre las hojas que me nombra

 

con susurro cascabeleando

 

y me cuenta de la inmensa vida

 

 

 

afuera.

 

 

 

Logro tener entre mis manos

 

las ramas de madera oscura

 

del higuerón que vi una vez

 

en mi casa de infancia

 

y los tenedores gruesos

 

de plata de mi abuela.

 

 

 

Hasta que despierto en sudores,

 

con las rejas entre mis dedos suplicantes,

 

y uñas desnudas clamando retorcidas,

 

 

 

que aquí no hay nada.

 

 

 

Que aquí no hay nada.

 

 

 

Viento inmóvil (Editorial Universidad de Costa Rica, 2020)

 

 

María Macaya Martén (San José, Costa Rica, 1991). Su primer libro de poesía, Viento inmóvil, recibe una Mención Especial del Jurado en el Certamen de Poesía 2019 de la Editorial de la Universidad de Costa Rica, y se publica a finales del 2020. Ha publicado de forma virtual en diferentes revistas literarias, y participó en el V Festival de Los Confines, Honduras. Es máster en Literatura Comparada de la Universidad de Oxford, en Inglaterra. Se especializó en poesía, en el simbolismo francés y el modernismo hispanoamericano. Sacó el Bachillerato en Literatura Comparada en Middlebury College, en Vermont, Estados Unidos. Durante su tercer año universitario fue estudiante visitante en la Universidad de Costa Rica y la Universidad de Nueva Sorbona, en París. Al completar sus estudios regresó a Costa Rica y dio clases de inglés en la Universidad Latina y en el programa Inglés por Áreas de la Universidad de Costa Rica.

 

 

 

Fotografía y semblanza proporcionadas por María Macaya Matén.

 

 

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