Poesía de Toriko Takarabe

 

EL PERRO RETÓRICO

 

 

Del extremo del campo desierto corre el viento como un perro salvaje:

al escribirlo, tuve un desasosiego ante la expresión,

quizá porque tiene una retórica inútil.

En el campo desierto bajo la oscuridad del alba corre algo que no se sabe si es un viento o un    perro:

ésta es la frase que corresponde a mi primera impresión.

En realidad, del extremo del campo desierto corren perros como el viento,

unos perros hambrientos que vienen en manada a toda carrera

 

El viento huele a bestia

 

El viento corre con flameantes pelos desconocidos

 

El viento golpea con ferocidad

 

El viento muge en remolinos alrededor del bebé

 

El viento corre recogiendo algo dulce y blando

 

Los perros parecían remolinos

porque todavía no amanecía

supongamos que hay cadáveres de los refugiados, botados por allí

¿El viento sonará más poético que el perro?

¿Me conduce a salvarme a mí mismo?

 

En fin, los perros devorarán al bebé

Aunque así sea el mundo,

no quiero distinguir el viento y los perros salvajes.

Ambos corren con pelos flameantes

 

 

FIELD NOTES  —EN BAHU-TUN DE JILIN—

 

Hice un viaje con mi padre en las vacaciones de verano de la primaria,

en un pasado remoto, ya casi inexistente.

A un caserío llamado Bahu-tun de Jilin...

a un caserío llamado Bahu-tun...

Mi padre ordenó a mi madre que me cortara el pelo al rape

y que me dejara así, hasta que naciera un niño triste con la cabeza rapada

y luego,

enfilamos a una región tan lejana, donde todavía se practicaba,

decían, el matrimonio prostitucional

Para obtener información folklórica

como dos hombres de viaje,

abordamos una canoa de madera que lanzaba un chillido,

y atravesamos el río Songhua

 

Un caserío con sauces hermosos,

construido por el aroma del agua,

a la orilla se congregaban muchos habitantes para observar la llegada    

de la familia extranjera.

Después de varias preguntas y respuestas,

mi padre anotó en su cuaderno lo siguiente:

(Será lícito decir que la canoa, hecha con aparente

descuido, es un instrumento cotidiano, propio del pueblo

manchurio. La actual es de olmo, y la elaboran entre dos

carpinteros en ocho meses. El costo de la producción es

aproximadamente doscientos yenes, y cada una aguanta

cuatro años de uso continuo. El ingreso diario por canoa es 30 yenes.)

 

Al verme de espalda cuando oriné agachada en la ribera,

el viejo del caserío descubrió mi identidad y le rogó a mi padre

que me concediera en calidad de esposa para su hijo,

diciendo que le daría a cambio lo que fuera, oro, plata, seda, burro.

Depende del precio –dijo mi padre con aplomo.

Después de repartir cigarros a los habitantes, descendió

con el viejo a la orilla bajo el resplandor candente,

y empezaron a negociar, contando hojas fi ludas de sauce según la tradición

(En invierno se utilizan arvejas. En el negocio se utilizan objetos indivisibles)

 

Mi padre volvió solo con las hojas de sauce pegadas tanto

en los hombros como en la espalda

Me propuso mil yenes para comprarte, ¿quieres ser mujer ahora?

¿Qué tal?, me dijo con risa.

No estoy segura si fue una parte de la recolección

folklórica de mi padre,

ya que se trata de un pasado tan remoto.

 

Para evitar que los habitantes secuestraran a la chica que valía mil yenes,

me apuró mi padre, tenemos que apresurarnos.

 

Seguimos caminando sin parar, volteando hacia el rincón del techo de yeso blanco

 

De mi padre emanaba un aroma húmedo a sangre.

Tú eres un niño, me dijo mi padre,

 tú eres un niño.

Prendí fuego al cigarro que mi padre tenía entre los labios.

En el río se sacudía una canoa.

Cuando salté al barco con una simulada agilidad de niño,

las olas de la orilla bajo la sombra larga del crepúsculo

se burlan... Byon, Byon, Byon

 

REMOLINO DE HUMAREDA EN EL CONCIERTO

 

“En mi concierto arremolinan humaredas de cañones,

mi concierto es relativamente violento,

mi concierto es amado”,

dice el cantante con un gesto exagerado.

Dedica sus canciones con fervor

a los americanos necrofílicos,

que no dejan de amar la humareda y la violencia,

que no dejan de desparramar cadáveres en todo el mundo

 

Un sonido grave y retumbante vibra

en los corazones de las mujeres.

Y lo que vibra en los corazones

es algo violento

es algo obsceno.

Las mujeres se convulsionan con vergüenza,

pero no dejan de querer el sudor del cantante.

 

“Ay, Dios, dame los ojos para ver sin falla.

Como un arcoíris de misil que sobrepasa la montaña

desierta,

te voy a dar un consuelo tremendo”,

el cantante lanza con un beso

la bufanda empapada de sudor a los gritos.

Con una sonrisa de broma en una mejilla,

inicia el concierto en medio de la reverberación de las

lentejuelas

 

“Aunque no conozco España,

me gusta el flamenco.

Aunque no conozco el paraíso,

dicen que es donde yo nací”.

Aunque el cantante no parece un ángel,

ha de ser una variación.

 

Ha pasado medio siglo sin que nadie se dé cuenta,

y la poeta llora ante la broma de los años.

“Vamos, doncella platinada”,

cantaba para cortejar

y señalaba el cielo ese cantante que murió hace mucho

tiempo,

pero la poeta insiste en repetir el remolino de humareda,

quiere vengarse con un ritmo violento,

aun cuando todos los contrincantes estén muertos.

Traducción de Ryukichi Terao

 

Los siguientes poemas fueron tomados del libro Poesía del país de la lluvia:

La particularidad

Y la universalidad de la poesía japonesa,

 

Compilación de Tetsuo Nakagami y Yutaka Hosono, publicada por la Universidad de los Andes, Secretaría Centro de Estudios de África, Asia y Diásporas Latinoamericanas y Caribeñas “José Manuel Briceño Monzillo”

 

Toriko Takarabe. Nació en la Prefectura de Niigata, en 1933. Al año siguiente, se trasladó con sus padres a la región nordeste de China, que entonces los japoneses llamaban Manchuria, y allí vivió hasta los trece años de edad. En 1945, debido a la invasión de las fuerzas armadas soviéticas, huyó hasta la ciudad de Tyoshun, y allí, disfrazándose como un niño, llevó una vida de refugiada durante un año. En ese tiempo catastrófico, perdió a su padre y a su hermana menor. En el otoño de 1946, regresó a Japón.

Ha publicado el poemario Cuando era niña (1965), con el tema de la derrota de la Guerra y los refugiados, y en 2005 la novela La tierra fértil, el infierno, con el mismo tema. Para Toriko Takarabe, China es la segunda tierra natal, y las experiencias y los recuerdos de esa tierra son el fundamento de su poesía. Ha traducido al japonés diversos poemas contemporáneos chinos y ha publicado algunas colecciones de esos poemas traducidos.

Es ganadora del Premio de Poesía Contemporánea “Hana-tsubaki”, el Premio Sakutaro Hagiwara, el Premio del Museo de Poesía, el Premio Chikyu (el Globo), entre otros. Su poemario más reciente se titula El que parte nueces, con poemas escritos bajo la influencia del “haiku”. Los poemas incluidos en esta antología fueron traducidos por Ryukichi Terao.

(Toriko Takarabe falleció en Mayo de 2020)

 

Semblanza tomada del libro Poesía del país de la lluvia: La particularidad Y la universalidad de la poesía japonesa.

 

Fotografía extraída de la página Poetry Kanto/ポエトリ関東.

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